Autor presente. En el Colegio.
Al estar presente el autor, no se hizo “primera ronda”. Acudió con puntualidad después de haber atendido a los medios de comunicación de Barbastro. Tras una presentación que hizo Paco (Director del colegio), amigo suyo ya que formaba parte del Ayuntamiento en 1991, cuando ganó el Premio de Novela Ciudad de Barbastro, Fernando empezó a hablar y lo hizo de forma generosa.
El libro había gustado a todos en general, a unos más que a otros. Habíamos visto la película en una sesión un tanto accidentada por culpa del DVD, que estrenábamos (múltiples interrupciones en busca de un sonido que se perdía, y que resolvió Mariví yendo a buscar el vídeo). Coincidimos en general en que la película está muy bien. Tiene un tono de humor que nos aleja del dramatismo de la época, y es muy sensible.
Sobre la película, Fernando nos contó anécdotas sabrosas, como la del enfrentamiento entre los actores Nino Manfredi y Alfredo Landa, que no se podían ver.
En varios momentos, el autor reconoció la importancia que para él había tenido el Premio conseguido en Barbastro. Dijo que había sido el pistoletazo de salida. Así lo reconoce en las entrevistas que le hacen en cualquier lugar.
En la tertulia estábamos 25 personas. Le regalamos (el colegio, claro), un libro con fotografías del Pirineo, unas antiguas tomadas por Lucien Briet, y otras actuales, con los mismos encuadres. Le gustó mucho. Al menos eso dijo, y no hay que dudar de su palabra pues parece hombre sincero.
Y después nos fuimos a cenar al Pirineos. Allí, el pobre Fernando, de costumbres austeras, casi se empacha (visualmente) por la abundancia de platos, pues comió poco y no bebió nada de alcohol. En el brindis, se mojó los labios con un poco de champán.
Fue una agradable velada.
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14 dic 2007 | 06:26 PM
OS DEJO ESTA ENTREVISTA DE UNA ENTREVISTA DE FERNANDO MARÍAS.
Y aquí en enlace:
http://www.notariado.org/publicaciones/escritura/?doc=48
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Esfera cultural
FERNANDO MARÍAS, escritor
‘CADA VEZ CREO MÁS EN LA NOVELA QUE SE LEE EN HORA Y MEDIA’
Ganador del Premio Nacional de Literatura Juvenil e Infantil con “Cielo abajo” y con un público adulto fiel, Fernando Marías es un autor que se mueve entre la novela popular, negra o de aventuras y la literatura sin más adjetivos. El “estilo Fernando Marías” es capaz de describir con la misma facilidad a un García Lorca aparecido cuarenta años después, la vida de los soldados españoles en Irak o sus experiencias con el alcohol.
Texto y fotos: MIGUEL Á. DE RUS
–Acaba usted de recibir el Premio Nacional de literatura infantil y juvenil, un público lector por el que reconoce su debilidad.
–He estado recientemente en Extremadura, donde he dado una charla para cerca de doscientos chavales, a los que antes el profesor les había hecho leer mi libro, y es algo extraordinario. Es un público muy agradecido. Con la promoción de una novela juvenil a lo mejor pasas una semana en Extremadura y otra en Madrid y vas viendo cómo se va corriendo la voz; si les gusta la novela, unos chicos se la aconsejan a otros. Es curioso y muy interesante. Estás con chavales que han leído el libro, que les gusta, que te preguntan... Son encuentros cortos, pero llenos de contenido. Y las ventas suelen ser buenas.
–“Cielo abajo”, el título al que debe el Premio Nacional, le está dando muchas alegrías.
–Me gustaría verla llevada al cine; y que fuera una superproducción como las de los años sesenta. Es interesante ver las reacciones que ha habido con esta novela, ambientada en la guerra civil y que puede ser para un público juvenil o adulto.
–Sus novelas para el público adulto suelen conjugar calidad con una cierta comercialidad. Es un equilibrio difícil. ¿Cómo lo logra?
–Todas mis novelas tienen un enigma, un interés, algo que resolver. La literatura que más me ha influido es la novela negra y la de aventuras, prefiero el cine negro al cine iraní… Estoy marcado por esa forma de narrar.
–¿Y es verdaderamente comercial?
–Excepto los que venden mucho, que son muy pocos, los escritores vivimos de nuestro prestigio: de nuestro nombre, de dar conferencias, de participar en mesas redondas, de escribir artículos, de todo lo que hay alrededor de la literatura. Hay una gran ficción, incluso entre los propios escritores, acerca de lo que se vende. Tú y yo tenemos amigos escritores que teóricamente venden más de cien mil ejemplares de cada libro. Debemos ser los únicos que vendemos menos. Pero, lamentablemente, no es así; no se vende cuanto se dice. Además, creo que es más importante la calidad que las ventas.
–¿Qué hace para ganar los premios que le interesan?
–He tenido mucha suerte. Tuve la fortuna de ganar el Nadal y el Premio Dulce Chacón. Me llamaron y me dijeron “eres finalista”; luego me llamaron y me dijeron “has ganado” y no hice nada. Hay muchos premios literarios en España y no me suelo presentar. Sí lo hice, por ejemplo, en el caso del Ateneo de Sevilla, porque tenía mucho prestigio y me interesaba ganarlo. He tenido siempre mucho cuidado con la selección de los premios en los que participar y ya me quedan pocos sitios donde hacerlo.
–¿Y cuáles son las razones para que su sistema le funcione?
–Escribo la novela sólo cuando me enamora y cuando no puedo ya prescindir de la idea que tengo. Ese interés se logra transmitir a un determinado número de lectores. Tengo unos pocos miles de lectores fieles que saben que les van a interesar mis propuestas. Generan una rueda, no excesiva, y veo que mis novelas aparecen en blogs, que me asocian con una cierta calidad... Y ese es mi mayor triunfo.
–Apellidarse Marías, como Julián Marías y Javier Marías, ¿da problemas o abre puertas?
–Es una anécdota. Ahora ya me da igual. La pregunta que más he contestado es si tengo algo que ver con Javier Marías. Y la segunda pregunta es si doy charlas sobre El Greco y Velázquez, porque el hermano de Javier es catedrático de arte. Ya conoces la historia que contó Rafael Reig en el “Manual de literatura para Caníbales”, la carta que me enviaron los Marías para que yo cambiara de nombre. Me lo tomo con más sentido del humor que ellos. Creo que no les hace gracia que yo exista.
–Entre sus éxitos cercanos está la primera novela sobre la presencia española en Irak, “Invasor”. ¿Una forma de tomar postura ante la invasión?
–Era una de mis pretensiones. Otro objetivo era averiguar si es posible hacer una novela que inquietase al lector adulto. Es una novela con claves de terror, pero con muchas más cosas, como la reflexión sobre la conciencia. La literatura de género es una herramienta extraordinaria para tocar determinados asuntos. Es fácil cruzar la línea de lo permitido. Eres una persona normal, feliz, y de pronto ocurre algo que no controlas y te encuentras con las manos manchadas de sangre. Has matado a alguien. Es demasiado fácil cruzar al lado oscuro y encontrarte en él sin retorno. Me impulsaron a escribir la novela las grandes manifestaciones contra la guerra de Irak. Pensé que Aznar recapacitaría, pero eligió la infamia. El presidente de nuestro país iba a meternos en una guerra colonial donde matar inocentes para robarles los recursos. Quise escribir sobre ello.
Perfil
Fernando Marías nace en Bilbao en 1958, con diecisiete años se traslada a Madrid para estudiar Ciencias de la Información y desde entonces reside en la capital. Su primera novela, “La luz prodigiosa”, ganó en 1991 el premio Ciudad de Barbastro. Posteriormente ha publicado títulos como: “Esta noche moriré”, “Los fabulosos hombres película”, “El niño de los coroneles”, “El vengador del Rif”, “La batalla de Matxitxako”, “La mujer de las alas grises”, “Invasor”, “Cielo abajo” y “El mundo se acaba todos los días”. También ha participado en la “Antología del relato español”.
Ha ganado el Premio Nadal (2001), el Premio Ateneo de Sevilla (2005) y el Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil (2006). Junto a su carrera como escritor ha trabajado como guionista de cine; suyo es el guión de “El segundo nombre” junto a su director, Paco Plaza; y la adaptación de su novela “La luz prodigiosa”, dirigida por Miguel Hermoso, en 2002, obra que ha ganado numerosos premios internacionales.
–No menos exitosa es “El mundo se acaba todos los días” la historia de una autodestrucción. ¿Es en parte autobiográfica?
–Es la historia de un alcohólico –que en parte fui yo hace diez años– y ha funcionado muy bien porque tiene mucho de verdad. Muchos bebedores, sin conocerme de nada, me han llamado o me han escrito para decirme que les ha gustado, que se han sentido no sólo retratados, sino comprendidos. Ha sido un libro muy positivo, una forma muy agradable de cerrar una etapa de mi vida. Ya llevo diez años sin probar el alcohol. Podría ser una novela que se ampliara a la adicción a la droga o al sexo, pero lo que se pone especialmente sobre la mesa son las manifestaciones derivadas del alcohol.
–Hay temas presentes en casi todas sus novelas: ambientes, personajes...
–Siempre aparece la figura del doble, quizá porque soy Géminis. Es curioso cómo el miedo a la muerte está presente en vida. Procuro que siempre haya una intensidad de acción, un motor que interese, que empuje a leer. Y trato que sean libros divertidos para mí. Eso es fundamental. Una novela ideal para mí sería de ochenta páginas y un solo párrafo. Cada vez me interesan menos las florituras. Por ejemplo, en “Invasor”, la novela empieza con una explosión y hay gente que me dice: ¿por qué no cuentas antes cómo viven los soldados españoles? Porque eso a mi literatura no le interesa. Creo cada vez más en la novela corta que se lee en hora y media.
–Aconséjenos algún escritor actual fuera de los habituales.
–Cormac McCarthy es el que más me gusta ahora mismo. Es el único que me apasiona. En la actualidad me gusta más el cómic que la novela.
–Acabamos. ¿Qué novela va a escribir dentro de cinco años?
–Me gustaría saberlo. No tengo ni la más remota idea. Pero estoy seguro que no tendrá florituras estilísticas.