Ejercicio 2 2-10-06
Para el próximo día se propone el siguiente ejercicio: escribir un texto que vaya conteniendo las palabras que los miembros del grupo fueron diciendo en la pasada reunión, en el orden en que salieron y tratando de que sea lo más reducido posible.
Palabras:
canciones - pequeños - iglesia - cristalino - canela - manzana - rebelde - cascabel - vuelta - sueño - amanecer - corazón - luna - casa - botella - mañana - terciopelo - libre - punto - roble - dormir
Una vez redactado el texto lo podéis enviar como comentario a este artículo en el blog.

7 oct 2006 | 06:00 PM
NADA ERA CIERTO, Homenaje a F.P.
Nada era cierto, ni las canciones, ni los pequeños recuerdos de una infancia perdida cuando buscaba una patria entre los muros vacíos de una iglesia cualquiera.
Nada era cierto, ni aquel rumor cristalino de mis ventanas en los días de viento , ni el sabor a canela de los dulces de leche quemada.
Ni siquiera el olor denso a manzana de mi armario Nada era cierto.
¿Qué hay más rebelde y más inútil qué el sonido alegre del cascabel?.
En el otoño prolongado de mi infancia, me daba vuelta en un sueño laxo y angustioso mientras esperaba ver amanecer con el corazón cansado de aguantar la luna en un cielo sucio.
Al volver a casa me esperaba cada día un paisaje mudo y advertido , una botella de leche y el paso hacia mi hogar levantado a la orilla de un misterio .
Nada se sabe del mañana,un falso terciopelo que el sol devora en un rincón del fondo.
Lo único libre de verdad es el otoño, con su punto de ternura indiferente y su corazón de roble cansado.
Salvo el dormir, nada era cierto.
¡Qué desasosiego si siento, qué malestar si pienso, qué inutilidad si quiero ¡
Fecha: 02/10/2006 14:30.
7 oct 2006 | 06:02 PM
TÍTULO : DISONANCIAS
Tuvieron que aparecer aquellas extrañas canciones en los pequeños cajones de la sacristía de la iglesia , en un contenedor cristalino que al abrirlo desprendió un aroma a canela y manzana que no me era del todo extraño . No había visto nunca unas partituras como aquellas y un escalofrío rebelde se apoderó de mi cuerpo y parecía no querer abandonarme. Esperaba que de un momento a otro el sonido cascabel de mi despertador me llevara de vuelta a la realidad y me alegrara de que todo hubiera sido un sueño, un insólito sueño. Pero el amanecer no llegaba y allí estaba yo con el corazón alborotado, mirando las partituras sin atreverme a tocarlas a la luz de la luna . Levanté la mirada y a través de la ventana vi aquella espeluznante casa que nunca sabré describir ; empecé a sospechar que el contenido de mi botella no era sólo agua y que alguien estaba jugando conmigo y deseé con todas mis fuerzas que ya fuera mañana. Me agarré desesperadamente al terciopelo de las cortinas e intenté gritar ; quería ser libre y salir de aquella oscuridad.... De pronto unas notas empezaron a sonar , eran desgarradoras y no dejaban de repetirse en mis delicados oídos . A punto estaba de desmayarme cuando abrí los ojos y vi aquel viejo roble que, cansado de componer la obertura de mi última ópera, había elegido para descansar y dormir un rato.
Fecha: 02/10/2006 23:21.
7 oct 2006 | 06:02 PM
TÍTULO:RECUERDOS
Mis canciones, mis canciones favoritas. Recuerdo que, de pequeños, nos concentrábamos ante el escenario que colocaban junto a la iglesia para escuchar y cantar las canciones. El pueblo era muy bonito, era cristalino como las aguas que corrían por esos lugares, con un olor especial, a canela y manzana. ¡¡AY ... AY!!. Mis canciones , mis canciones favoritas. Recuerdo también que teníamos un gato que le llamábamos Rebelde, que raro ¿verdad?, llamar Rebelde a un gato, pero ... el gato era muy especial (desde luego el nombre no le correspondía) era tranquilo y juguetón, con unos ojos verdes y su pelo aterciopelado, llevaba un cascabel colgado en el cuello, le gustaba el sonido del cascabel, no paraba de dar vueltas y vueltas y nosotros nos divertíamos viéndolo, hasta que nos entraba el sueño, un sueño profundo que nos llevaba hasta el amanecer.
El corazón me empieza a latir y latir cuando me embriago en los recuerdos, me gusta recordar nuestros paseos, en las noches de luna llena, por el bosque en el que había una casa y en ella escondíamos una botella que iba recogiendo nuestros deseos. Por la mañana me despertaba alegre y feliz, me envolvía en mis sábanas de terciopelo y salía a respirar el aire puro que me hacía sentir libre.
Hay un punto que me cuesta recordar, fue el día en que nos reunieron junto al viejo roble. No entendíamos nada, era todo muy confuso, unos gritaban, otros lloraban,... la tristeza invadió al pueblo y aquella noche no pude dormir.
Fecha: 03/10/2006 19:45.
7 oct 2006 | 06:02 PM
“Su rostro se conmovió al escuchar de nuevo las canciones de los más pequeños en la iglesia. Dos viejas cuchicheaban en la penumbra. Su pensamiento cristalino lo trasladó a un entorno calido y lejano con aroma de canela y manzana verde. El sonido de la campanilla, cascabel rebelde, lo trajo de vuelta a la realidad. Era un sueño repetido. Cada amanecer su corazón se agitaba convulso mientras la luna del espejo reflejaba una botella polvorienta en la repisa, colmada de libros, de su casa. La mañana se tornaba angustiosa con el recuerdo de aquella piel, terciopelo perfumado, y con su contacto tibio y libre de prejuicios. Jamás volvió a su punto de encuentro: el roble del camino viejo.
No pudo evitar una ligera sonrisa. ¿Cuándo podrá volver a dormir?
Con el tintineo de la campanilla recuperó su apostura, juntó las manos y se acercó al altar para rezar el padrenuestro. Olía a cirio.
Fecha: 04/10/2006 14:45.
7 oct 2006 | 06:05 PM
Atraído por las canciones que entonaban los pequeños componentes del coro, Luís dirigió sus pasos hacia la entrada principal de la iglesia de Sta. Ana. Al abrir el portón tuvo la sensación de estar atravesando el umbral de otro mundo. El brillo cristalino de tonos canela que reflejaban los numerosos colgantes de la lámpara central, el olor a cera, los elevados techos, la escasa iluminación y el absoluto reposo le hicieron sentirse irreal. Los uniformes color verde manzana de los chiquillos era el único matiz rebelde en el interior del templo.
Permaneció sentado hasta que el agudo tintineo de un cascabel lo sacó de su éxtasis. Sin demasiada prisa salió a la calle y al sentir el frío de noviembre en la cara fue consciente de su vuelta a la realidad, como si acabara de despertar de un sueño al amanecer. Su corazón latía tranquilo. Alzó la mirada buscando la luna en el firmamento y emprendió el camino hacia su casa con la única compañía de la botella de leche que su mujer le había encargado por la mañana.
Después de cenar, Luís subió hasta el segundo piso y entró en su pequeño paraíso, una habitación no muy grande donde guardaba sus instrumentos y practicaba con ellos. Sacó un violín de una funda de terciopelo y comenzó a tocar. Le gustaba dar clases de música, pero en ningún lugar se sentía tan libre como cuando estaba solo interpretando a su antojo.
Cuando las campanas del reloj de Sta. Ana tocaron las doce en punto y el sonido entró por la ventana entreabierta de la habitación, él guardó cuidadosamente el violín, lo colocó en el estante del viejo armario de roble y se fue a dormir. Al cerrar los ojos se acordó del “Puer Natus est Nobis” que había oído ensayar en la iglesia a los niños del coro.
Fecha: 05/10/2006 21:02.
7 oct 2006 | 06:05 PM
Bajo el cielo plomizo del atardecer, las niñas del coro, con sus vestiditos nuevos y sus zapatitos relucientes, sentadas en los pequeños bancos que para ellas había preparado el sacristán bajo el viejo roble junto a la iglesia, entonaban sus dulces canciones en una sola voz de sonido armonioso y cristalino. Manuela, mirándolas distraidamente, retiró de la mesa la labor de punto y añadió un poco de canela al dulce de manzana que comerían para postre. Agobiada por el vapor que se había formado en la diminuta cocina, en su frente relucían, casi invisibles, infinidad de minúsculas gotitas, y, de cuando en cuando, su cansada mano, larga y delicada, apartaba un mechón rubio ceniza que, rebelde, insistía en caer sobre los apagados ojos grises. Vertió un poco de leche en el cuenco del gato que, en su forcejeo para pasar por la ventana entreabierta, hacía sonar su dorado cascabel. Su marido pronto estaría de vuelta. Y luego la cena…, y después la plancha…
De pronto, el cielo pareció abrirse y las oscuras nubes, densas y espesas, reventaron en un repentino y abundante aguacero. Las niñas corrían desordenadamente embarrándose sus zapatitos, mientras la catequista y el sacristán gritaban palabras inconexas tratando de organizar, sin éxito, la descompuesta retirada. Por primera vez en muchos días, Manuela sonrió.
Aquella aburrida rutina la deprimía. Pero todo iba a cambiar: su sueño se haría realidad antes del amanecer. Cada vez que lo pensaba, el corazón le latía con tanta fuerza que el pecho parecía estar a punto de estallar.
No habría luna esa noche. Nadie la vería abandonar la casa. Volvió a abrir el armario, y una vez más apartó la botella que ocultaba una pequeña caja: allí estaba la llave de su libertad. Por la mañana todo sería distinto. No más niñas del coro, ni más dulce de manzana. Podría olvidar el agobio de la pequeña cocina, y la tristeza de aquel viejo comedor con sus muebles antiguos y sus pesadas cortinas de terciopelo, siempre en penumbra, que sólo se usaba por Navidad. Por fin iba a ser libre. Nunca más tendría que soportar las insulsas tardes de verano haciendo punto a la sombra del roble junto a la iglesia. Satisfecha, sonrió de nuevo mientras esperaba, impaciente, la hora en que todos se retirarían a dormir.
Fecha: 06/10/2006 18:50.
7 oct 2006 | 06:06 PM
-Dile a tu madre que no me venga con canciones, dile que no he olvidado cuando de pequeños íbamos juntos a la iglesia. Dile que mi recuerdo es claro y cristalino, que sus besos sabían a canela y a manzana y que sigo siendo el rebelde de siempre. Admiro tu valor al haber venido aquí, a poner el cascabel al gato, pero estoy de vuelta de todo. No, dile que no quiero saber nada.
-Mi madre dice que es un sueño haberte encontrado de nuevo, que siente amanecer en su vida y su corazón latir de verdad, que ha vuelto a ver la luna en el cielo, una luna que había perdido..
-¡Calla! ¡Esta es mi casa! ¿Ves esa botella? Sigue guardando la huella de sus labios. ¡La he acariciado tantas veces! Podría decirte que cada mañana, cuando despierto, añoro su piel de terciopelo, pero te mentiría. Después de tanto tiempo me siento libre.
Alfredo abandonó la casa. Eran las diez en punto. Con la cabeza baja se perdió en la noche. Era la primera y la última vez que hablaba con su padre, que con ojos llorosos y apoyado sobre la enorme mesa de roble parecía dormir.
J.A.A.
Fecha: 05/10/2006 19:01.
8 oct 2006 | 02:26 PM
Mil recuerdos, pequeñas historias...
Salir de la Iglesia los domingos y ver la lluvia cristalina cayendo trás la ventanilla del coche.
Al llegar, el dulce olor a canela de las manzanas asadas que esperaban en el horno.
Mis primeros intentos por ser rebelde, el sonido del cascabel del gato a la vuelta a casa ya con sueño al amanecer.
La primera vez que palpitó mi corazón, fue un día de luna llena que iluminaba la fachada de casa, resaltando su belleza.
Aquella botella con un mensaje de esperanza que pensé en lanzar al mar. Los "mañana será otro día" y también los dias que deseé nunca acabaran.
El tacto del terciopelo de aquel vestido nuevo. La sensación de sentirme libre siendo solo una niña.
Llega un punto en el que el recuerdo se confunde con los sueños.
Recuerdos de tantas tardes a la sombra de aquel roble en el que soñaba despierta hasta la hora de dormir.
9 oct 2006 | 10:52 PM
sin ella
esas canciones me traen pequeños recuerdos.
la iglesia y sus vidrieras con su cristalino ambiente.
el aroma a canela de su pelo, su piel a manzana madura.
un tanto rebelde pero alegre como un cascabel.
aun espero su vuelta, un sueño que no tiene amanecer.
mi corazon como la luna menguante.
nuestra casa como una botella vacia.
sin hoy, sin mañana, espero que la muerte me cubra con su terciopelo para ser libre de este dolor.
llegando a este punto ,al pie del roble me podeis dejar dormir….eternamente.
antonio raya casado.
9 oct 2006 | 10:53 PM
insomnio navideño
aun resuenan en mi mente las canciones de los pequeños cantores navideños, en la puerta de la iglesia.
y el cristalino brillo del bizcocho saliendo del horno, con azucar ,canela y manzana , un tanto rebelde las primeras veces, explendido conforme coges experiencia.
suena un cascabel , eso me ha parecido, me doy media vuelta en la cama. el sueño no llega ,el amanecer tampoco.
mi corazon late despacio.
a traves de la ventana veo la luna llena darle luz a la casa vecina.
he dejado pastas ,cebada y una botella de agua para ellos y sus animales, mañana comprobare si lo han gustado.
¡pero que ven mis ojos¡. un camello en mi jardin, de terciopelo parece su pelaje. esta vagando libre, llegando al punto en el que el roble da mas sombras ,fundiendose con ellas desaparece.
ahora si que no podre dormir,pensando en los regalos de mañana.
antonio raya casado.
17 oct 2006 | 10:58 PM
El fin de semana había terminado y volvía en el coche oyendo las canciones que sonaban en la radio.
Lo primero que vi al llegar al pueblo fue, a unos niños pequeños jugando en la plaza de la iglesia, paré el coche y al salir, el aire cristalino me despejó, eché un vistazo al campo de enfrente y quedé fascinada con la multitud de colores que lo adornaban, iban desde el canela al verde manzana.
Subí las escaleras y al llegar a la casa volví a pelearme con la cerradura rebelde de mi puerta, pues siempre se atascaba. Al entrar, oí el ruido de una cascabel y al darme la vuelta me encontré a Ros, mi gato, que me daba la bienvenida, pero no le hice mucho caso pues tenía sueño y al día siguiente el despertador iba a sonar al amanecer. En seguida me fui a la cama, el silencio era intenso, sólo se oían los latidos de mi corazón. La luz de la luna iluminaba toda la casa, pero mis ojos se iban cerrando ya. Lo último que hice fue beber agua de la botella que tenía en la mesilla.
A la mañana siguiente me levanté con pereza, pero no me podía parar o llegaría tarde. Cogí la chaqueta de terciopelo y me fui pitando. Subí al coche y sólo pensaba en encontrar un aparcamiento libre y llegar a la oficina a las ocho en punto.
¡Por fin lo conseguí! Llegué a tiempo, abrí la puerta de roble, me senté tras la mesa, pero después del largo fin de semana y sólo podía pensar en volverme a dormir.
18 oct 2006 | 10:16 PM
Las canciones de los pequeños escapaban de la iglesia con sonido cristalino. En el exterior se mezclaban con un entrañable aroma a canela y manzanas asadas. ¡Era Navidad...!.
Mi espíritu rebelde, no se dejaba seducir por el evocador tintineo del cascabel del trineo, que daba vuelta a la plaza.
El sueño me venció al amanecer y mi corazón se tranquilizó con la ausencia de la luna.
La casa vacía...La botella de cava, sin abrir sobre la mesa...
La mañana amaneció con la tristeza y suavidad del terciopelo ajado. Libre de ataduras, no conseguí fijarme ningún punto a seguir, ni proyecto, ni pequeña tarea para el día.
A través de la ventana, miré con melancolía el viejo roble. Ausente, me dejé caer sobre la cama e intenté dormir. Quería oscurecer mi desesperada soledad.
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20 oct 2006 | 07:09 PM
Me acuerdo...
De vez en cuando aun tatareo las canciones con las que nos acunabas cuando éramos pequeños. Te adivino cruzando la plaza de la iglesia bajo un sol cristalino. Todos los domingos te veo preparando aquellas natillas aderezadas con canela que tanto me gustaban, si bien tú preferías tu tarta de manzana. Imagino que pensabas que tu niño era tan rebelde como un cascabel sonando eternamente. Aun saboreo el roce de tus labios en mis mejillas cuando cada día me despertabas del profundo sueño de toda una noche que rompía con el amanecer. Todavía siento el latir de tu corazón cuando me abrazabas. También me acuerdo de tu silueta recortada por la luna llena. Noto como la casa quedó vacía sin ti. Te oigo coger la botella de leche cada mañana para prepararme el desayuno. Acaricio tu ausencia como lo hago con el terciopelo. Te sé libre en tu destino tras este punto y aparte. Me acurruco junto a tu recuerdo en el roble a la vuelta del camino y nos echamos a dormir. Me acuerdo...
26 oct 2006 | 10:37 PM
Era tarde, muy tarde, la apatía se apoderó de ella, pensó que nunca nada la conmovería, sin esperarlo en la pequeña radio que aún conservaba sonaron las canciones que ella cantaba a los más pequeños. Los recuerdos agolparon su mente, se asomó a la ventana para ver la torre de la iglesia, era un referente para ella, saber que algo aún permanecía en su sitio.
Recordó aquel primer domingo de mayo en el que el día era especialmente cristalino, cuando la tristeza se apoderó de todos al descubrir que la persona más importante de sus vidas les dejaría para no volver. Se refugió en la cocina y preparó el postre capaz de alegrarle el alma, cocinó un exquisito arroz con leche, al que añadió una pizca de canela y unos trocitos de manzana, lo compartió con sus hermanos, excepto con Juan que era el más rebelde, este se puso un cascabel en la muñeca y se dio la vuelta.
Marchó a su habitación donde lloró amargamente hasta que el sueño se apoderó de ella. Al amanecer aún con el corazón encogido pensó que no tendría fuerzas para enfrentarse al día que comenzaba, se quedó en la cama.
Cuando la luna tomaba forma, salió de la casa, vagó por el bosque, no sabía cuanto había caminado; la tristeza albergaba su ser, siempre vio la botella medio vacía. Cuando la mañana levantaba el vuelo, regresó a casa, fue a ver a Juan que aún dormía, acarició su piel de terciopelo y se sintió libre, ya estaba a punto para enfrentarse a la triste realidad.
Necesitaba plantearse el futuro sin ella, comenzó a caminar, llegando sin darse cuenta a su roble del camino, plácidamente se sentó apoyando su cuerpo en el, con la certeza de que la vida continua, se relajó y se puso a dormir. Cuando despertó, no había caminos, no había casa, no había roble.