Escribir un recuerdo de la infancia relacionado con la Navidad. Se puede llegar hasta las 20 líneas (word).
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Escribir un recuerdo de la infancia relacionado con la Navidad. Se puede llegar hasta las 20 líneas (word).
27 dic 2006 | 11:11 AM
Yo, de pequeña, no era lo que se dice una niña modelo. Aunque pasaba muchos ratos leyendo totalmente tranquila, de cuando en cuando y de forma inesperada, me descolgaba con alguna fechoría que mi madre calificaba de barrabasada. Pero, en eso de las diabluras, unas amigas algo mayores que yo me daban sopas con honda. Por lo menos, así lo veía entonces, porque, entre otras maldades, se atrevían a afirmar que los reyes eran los padres. A mí aquello me parecía doblemente perverso: pensar que nuestros padres, paradigma de honestidad, los que determinaban lo que era bueno o malo, pudieran engañarnos era subvertir los valores más sagrados, y ya, no digamos poner en duda la existencia de los reyes, eso era a mis ojos una auténtica herejía. Claro, que los años pasaban, y yo también empecé a encontrar un poco raro que unos señores de casi dos mil años de ancianidad tuvieran la ocurrencia de venir desde tan lejos con semejante cargamento. Todo aquel mundo infantil se vino abajo el año en que decidí permanecer despierta hasta aclarar el misterio por mí misma: la decepción fue grande, pero hacerse adulto tiene un precio alto y aquel sólo sería el primer plazo.
29 dic 2006 | 05:09 PM
Si trato de rebuscar entre mis más lejanos recuerdos sobre la navidad, me viene a la memoria una imagen que muestra la sabiduría popular para hacer de la necesidad virtud. En una época de carencias y miseria, los niños debíamos conformarnos con bien poco. Teníamos, eso sí, la ilusión siempre renovada de participar en una serie de tradiciones que pautaban el paso del tiempo. La tarde del 24 de diciembre los niños visitábamos las casas de familiares, o de vecinos que nos lo habían pedido, para recibir pequeños obsequios que introducíamos en unas blancas alforjas confeccionadas por nuestras madres y que sólo se usaban en aquella ocasión. Los presentes eran almendras tostadas, nueces, caramelos, barritas de guirlache y también alguna mandarina, fruta exótica y rara para nosotros. Normalmente nos hacían aprender algún refrán o poema que debíamos recitar antes de ser obsequiados. Recuerdo el siguiente:
“Soy el pastor pequeño,
Me llaman el rabadán,
El cuidador de las cojas
Y de la talega del pan.
Si me dan vino, que bebo,
Si me dan agua, no hay sed
Y si tocan la pandereta
al son de ella bailaré.”
Tras los elogios (sobretodo causaban sensación los gestos de empinar el vino y negar el agua) venían las humildes golosinas, que poco a poco iban llenando los bolsillos de las alforjas, y que harían más dulces aquellos fríos días de fiesta.
11 ene 2007 | 08:06 PM
La niña baja brincando las escaleras del ayuntamiento con el boletín de notas en la cartera. Esa recopilación de suficientes y bienes, solo adornada levemente por el siempre presente sobresaliente en gimnasia, no le impediría disfrutar a fondo de los preparativos del gran viaje, pese a que sabia de antemano que mamá esperaba mucho mas de ella.
A las seis de la mañana, traquetea la niña de sur a norte, hacia arriba, hacia el pueblo, hacia el pueblo, pueblo que solo vería después de 12 infatigables horas de viaje.
Es su navidad, de cardo con bacalao y confeti, de ternasco y amigos, de familia y turrón de almendras, de regalos y mazapán. Y además , ese año esta la nieve...
Significa tanto para ella, que al regresar al sufrido colegio sureño, con su boletín firmado, y preguntar la profesora ¿qué tal los reyes magos?, la niña sólo acierta a contestar... Este año ha nevado, y ha nevado tanto, ¡que los reyes no pudieron salir del Argensola!.
15 ene 2007 | 08:33 PM
CARTA ABIERTA
Querida Olga :
En noches como ésta recuerdo los cuatro escalones que separaban la calle del umbral de nuestra casa. En su minúsculo interior el calor de la cocinilla nos reconfortaba del frío y la humedad envolvente de la niebla. La Navidad olía a leña quemada.
Sueño con la risa contagiosa de mamá, el aroma de sus guisos y el olor a jabón de sus manos. Recuerdo a papá alzándonos muy alto entre sus brazos o sentado placidamente leyendo un libro.
Ya no busco debajo de mi cama al Lobo o al Coco. Ya no construyo guaridas bajo las mantas. Mis seres queridos y mis monstruos están ausentes. No queda nada de aquella niña que en la noche mágica de Reyes, mientras dormías, se acercaba de puntillas a la puerta para abrirla con cautela y muy asustada asomaba la cabeza para descubrir el misterio. Sin embargo me produce una sensación de bienestar recordar el chisporroteo alegre y la confusión que sentíamos cuando llevábamos gritando, a la cama de nuestros padres, los regalos que descansaban bajo el árbol. Allí, tapados los cuatro, abríamos los paquetes con una ilusión que no recuperaremos.
8 feb 2007 | 12:12 AM
"UNA NARANJA Y TURRÓN DE ALMENDRA"
Siendo niño pregunté a mi padre qué regalos recibía él de pequeño de los Reyes Magos, y me respondió: "Una naranja, y si tu abuela hacía turrón de almendra, un trocito de turrón"
Espero que alguna mañana del día de Reyes me pueda tomar un zumo de naranja y comer un trocito de turrón de almendra traídos desde Oriente por algún Mago. Ese día me sentiré más cerca de mi padre, y de mi abuela, y de... y de... con sabor a naranja y almendra...