Llevamos sesenta y tres libros comentados en la tertulia. De ellos, unos cuantos tienen como telón de fondo la guerra, una u otra guerra. De alguna manera es lógico. La literatura aborda de forma repetida los temas que preocupan al hombre: el amor, la muerte, los celos, el odio, la envidia, el temor, el deseo, la identidad...

Este no es un libro más sobre la guerra. Alberto Méndez murió poco tiempo después de haberlo publicado. Apenas dejó nada más escrito, y el libro ha triunfado gracias a la propaganda que han hecho quienes lo han leído. Obtuvo el Premio Setenil de relatos y posteriormente (ya fallecido el autor) los importantes Premios de la Crítica y Nacional de Narrativa.

Es un libro de una tristeza terrible, de una dulzura infinita, con un rico vocabulario que compone unos textos profundos y bellos. Abundan las comparaciones, las imágenes, las metáforas. Hay una variedad de registros magistral, una estructura perfecta. Es una maravilla. Pero terrible, la lectura nos hace compañeros de viaje en ese descenso al dolor, a la derrota. Es difícil retener las lágrimas. Uno piensa: “Qué época, qué sufrimiento, qué sin razón...” Hay una hábil y leve conexión entre los cuatro cuentos, independientes pero que acaban formando un todo, un universo de perdedores. Y es que Alberto Méndez pensaba que en una guerra todos acaban perdiendo. La belleza literaria enmascara ligeramente la desolación que impregna cada una de las páginas. En un libro como este se puede vislumbrar la potencia del lenguaje, capaz de conmovernos hasta lo más hondo.

 

OPINIONES DE LA PRIMERA RONDA:

 

-Este libro no acepta la palabra “gustar”. Lo he leído con tremenda emoción, casi sin aliento. Me parece la forma adecuada de reivindicar la memoria a través de la literatura. Las palabras están al servicio de las emociones. Me ha recordado conversaciones que oí en mi niñez sobre la guerra, a los mayores. He sentido las historias como muy cercanas. Ha reflejado distintos ámbitos: el frente, el monte y la soledad, la cárcel y la familia. Refleja de forma fiel el tremendo dramatismo y el dolor que supuso aquella época.

 

-La lectura me ha sentado fatal, me ha producido mucha angustia. Es como cuando comes algo que te sienta mal. Estaba deprimida ya al terminar la segunda historia. Son testimonios sobrecogedores tratados con una sensibilidad especial. Hay muchas palabras difíciles. No es un libro que vaya bien para mi salud.

 

-Me ha emocionado mucho al lectura. Me gusta la idea que transmite de que en la guerra todo el mundo pierde. La narración transmite muy bien sensaciones: olores, gustos, sonidos... Relaciona de forma muy original las historias, que si no son ciertas, se hacen creíbles. Me han gustado más los relatos segundo y cuarto.

 

-Suscribo todo lo dicho, también lo de que me sentó fatal la lectura. Me ha encantado la sensibilidad de los personajes, su cultura. También la estructura y la diferente manera de tratar cada una de las historias. He encontrado muchas palabras que para mí eran desconocidas. Es un lenguaje elevado, con abundantes elementos retóricos e imágenes muy bellas. Creo que este es uno de esos libros que se recuerdan siempre.

 

-Harto no, ¡hartito! (ya está), de leer libros de estos.

 

-Lo cogí con prevención por lo que me habían contado de él. Procuré no implicarme mucho, guardar una cierta distancia, y así lo he podido leer bien. Cuatro historias terribles sobre las que no he querido profundizar mucho.

 

-Me ha encantado leerlo. Me ha recordado “Luna, lunera” de Rosa Regás. Lo estoy releyendo. Es un libro que me ha llenado por cómo cuenta las historias. El autor parte de la idea de que hay que conocer la historia, para que no se repitan los errores. Los perdedores son personas honestas, lo que al final les salva de la perdición. La última historia me partió el corazón, me hizo llorar a lágrima viva. El libro no habla de siglas, de partidos, pero nos hace entrar de pleno en lo que sucedió. No es un libro que busque revancha.

 

-El autor demuestra que cuando se juntan miedo y odio se forma un cóctel muy malo.

 

-Me ha gustado muchísimo. Refleja el dolor humano y el amor que se tienen los que sufren, el apoyo que se ofrecen unos a otros en su dolor. Los registros cambian según la historia. Me ha impresionado una conversación que mantiene el matrimonio en la última historia, casi al final.

 

-Este libro tiene lo que no se encuentra en “Suite francesa”, emoción y fuerza. Lo he visto muy real. La segunda historia me hizo llorar muchísimo. Son historias asfixiantes pero muy bonitas. Me ha parecido precioso, lo voy a volver a leer y a recomendar. -Tiene un valor especial el libro como obra casi póstuma. Todas las historias me han gustado. Ha sido una lectura rápida y fresca. Creo que hay que leerlo con una cierta distancia, para poder fijarse en la escritura, el estilo, cómo está narrado. Es un libro de sentimientos tristes y amargos. Para recomendar.

-Los Girasoles Ciegos, contando con que no me gusta leer libros de guerra-postguerra, me ha parecido un libro "amargo" y de "derrota", pero un libro salido del alma . De buena literatura a la que yo le rebajaría un punto la erudición en el lenguaje de algunos capítulos. La conclusión para mí, es siempre la misma: ¡Maldita sea la guerra!

-Me ha gustado el estilo elegante y pulido. Los cuentos están muy bien escritos. La ambientación está muy lograda, las historias están contadas con gran realismo pero sin caer nunca en la chabacanería ni en la vulgaridad. El autor describe con gran delicadeza situaciones que podrían resultar desagradables o escabrosas (por ejemplo la suciedad del soldado que sobrevive a la matanza o las relaciones sexuales del hombre del armario con su mujer). El vocabulario está perfectamente adaptado a la época en la que suceden las historias. De hecho, algunas de las palabras utilizadas sólo las había oído en boca de mi abuelo (lenitivo, chisquero…) Sólo un pero: demasiadas citas en latín. No me ha gustado el enfoque de las historias: no las veo reales. Los vencedores glorificaron a sus héroes sin ningún pudor, y ahora, también en estos relatos, me parecen exageradas las bondades de sus protagonistas, merecedores de figurar en el santoral del Bando Republicano, para contrarrestar las proezas de los héroes de “Flechas y Pelayos” o de “Vidas Ejemplares” que nos hacían leer en nuestra infancia. Agradezco más la vulgar cotidianeidad de la “Suite”. Tanta heroicidad me fatiga.