El Grupo de Biblioteca del Instituto Martínez Vargas nos invitó, un año más, a un café-tertulia con motivo de la sexta edición de su Semana del Libro, que este año tenía como lema “Hambre de letras”. El encuentro era con Gonzalo Moure, que hace dos años estuvo en el colegio en una jornada maratoniana de la que guardábamos un grato recuerdo. En esta ocasión estaba de “gira” aprovechando su venida a las III Jornadas Aragonesas de Bibliotecas celebradas en Ballobar. Le acompañaba Merche Caballud, “alma máter” de buena parte de lo que se cuece sobre el tema en la provincia.

Recetas para la animación a la lectura y la escritura era el tema del café-tertulia, que comenzó con una ronda de presentación de los asistentes (la mitad con la doble condición de padres de alumnos del instituto y miembros del Grupo de Lectura del Pedro I). En la ronda se comentó la relación de los hijos con la lectura. Quedó claro que no hay recetas mágicas, que el entorno familiar es importante pero no determinante, y que nunca hay que perder la esperanza.

Gonzalo Moure dijo que no hay que dramatizar por el hecho de que no se lea, que hay personas excelentes que nunca han leído un libro, y que a leer no se puede forzar. Lo que sí es cierto que quien lee ensancha su camino: conoce otras vidas, otros lugares, otras formas de pensar. Leer nos garantiza un camino hacia nosotros mismos. Cree que no hay que tratar de cazar lectores por medio del halago por parte de los escritores; que a pesar de la moda, no cree en la literatura basada en la trasversalidad (los libros de encargo por temas de moda), y sí en aquellos en los que salta la chispa de la emoción y el enamoramiento. Prefiere que los libros surjan de algo leve, de algo que nos emociona, de la belleza, y que sirvan para salir de la angustia que todo ser humano siente por el hecho de estar vivo.

Nos contó algunas anécdotas de sus encuentros con niños, que siempre sorprenden con sus agudas observaciones, como la de Mario, que con sus siete años le dijo en una ocasión “Los libros son caminos a la vida”.

Pues eso. A nosotros nos toca recorrerlos. Gracias a Gonzalo, al Instituto y a los libros.