El 11 de Mayo, en la Biblioteca Municipal, es la Tertulia con Marta Rivera de la Cruz, finalista del Premio Planeta y miembro del jurado del Premio de Novela Corta Ciudad de Barbastro de este año. Será a las 20 h. sobre su novela "EN TIEMPO DE PRODIGIOS" Hemos quedado a las 19 h. en el Pirineos para poder comentarla entre nosotros previamente. También decidiremos el Viaje a la Feria del Libro de Madrid. En principio hay dos fechas: 26 y 27 de mayo, ó 9 y 10 de junio. En la primera el inconveniente es que son las elecciones el 27. Del 28 al 2 de junio son las Convivencias en Oto.

9 may 2007 | 06:43 PM
Libro pretencioso e innecesariamente extenso. Teniendo como hilo conductor o nervio principal el recorrido vital de la narradora, se enroscan dos historias. La primera, las vivencias del abuelo Silvio; y la segunda, mas que historia, es una evocación de la figura materna ya fallecida; amén de alguna que otra disgresión en variadas direcciones. La historia del abuelo, si bien inicialmente puede parecer interesante, a medida que avanza el libro resulta del todo exagerada, artificiosa y llena de tópicos. El recuerdo de la madre se podría haber descrito en pocas páginas. Me parece un libro que juega con ventaja, ya que es fácil posicionarse tanto en la historia del abuelo como en el recuerdo materno ¡Quién no añora a la madre difunta o quién no estaría a favor de luchar contra el nazismo¡
En cuanto a la forma, ya está dicho; injustificadamente extenso y con mucho menos se podría haber expresado lo mismo. Mucha paja, demasiada. Por lo demás, resulta un libro plano, sin marcadas diferencias de lenguaje y tono a lo largo del mismo; se echa de menos cierta diferenciación al respecto.
No obstante cuanto llevo dicho, acabé la lectura del libro. Pasados unos días desde que lo terminé, únicamente me queda un dulce poso del recuerdo de la madre, que como he dicho más arriba, en pocas páginas podía haberse expresado lo mismo.
Si se tiene alguna lectura pendiente, retómala y no ocupes tu tiempo con este libro.
10 may 2007 | 12:30 AM
Leí “En tiempo de prodigios” aprovechando los días de lluvia de esta primavera, allá por el mes de marzo. Lo primero que llama la atención es la extensión: es una novela que hay que coger con ganas, pues sus más de 500 páginas exigen tiempo. Me parece un libro bien escrito, con una sintaxis bastante cuidada y una narración fluida, que atrapa desde las primeras páginas. La alternancia entre dos tramas, una actual que recoge la vida de Celia, la narradora, y otra la de un pasado lejano que Silvio cuenta a la narradora, da ritmo al relato. Es el de Silvio el que acaba imponiéndose, por los vericuetos por los que transcurre y la emotividad de lo que cuenta.
Dos cosas me llamaron la atención. La primera es el excesivo didactismo que recorre todo el libro. Hay un afán por hacer aflorar todos los temas que están de actualidad en nuestra sociedad (inmigración, medicina, homosexualidad, pedofilia, cáncer, drogas..), y a ello se une el repaso que hace de una época histórica rica en acontecimientos que acomoda para la trama (Guerra Civil, Segunda Guerra Mundial). La segunda es que las voces narrativas de Celia y de Silvio, apenas se diferencian, tienen el mismo tono y ello hace que el relato no sea del todo creíble.
Yo creo que la autora pesa mucho en la novela. Supongo, el libro lo deja ver, que es una persona formada e informada, y que su oficio le lleva a ser explícita. Explica demasiado los hechos, dejando poco espacio al lector. No obstante, esto que para mí es un lastre, hay lectores que lo prefieren, les gusta que la narración sea así, ya que resulta más cómoda.
El libro está dedicado a la madre recientemente fallecida (este aspecto es autobiográfico) y su recuerdo atraviesa todo el relato dándole un tono elegiaco, es un canto a la amistad (Elena y Cecilia, Elijah y Silvio), y también un testimonio del amor frustrado (Silvio-Hannah y Cecilia-Miguel).
Encuentro una contradicción: en la página 452 dice “Mi madre y yo nunca fuimos amigas...” Y en la 453 “Mi madre era mi madre y no mi amiga”. Luego, en la 468 dice “... fue precisamente aquella mañana .../... cuando mi madre y yo empezamos a hacernos amigas. Amigas de verdad.../... pusimos .../... los cimientos de una amistad que habría de consolidarse en los años venideros”.
Algún error: en la página 89 dice: “No estaba acostumbrada al trato con contemporáneos” ¿Pues con quién trataba? ¿Con antepasados?
Y algunos errores tipográficos: “Tenía un fondoso jardín” pág. 494, “ni hermana” pág. 273.
14 may 2007 | 05:27 PM
Este libro es la suma de dos historias, cualquiera de las cuales tendría entidad propia al margen de la otra, por lo que voy a opinar sobre las dos por separado, aunque si se considera la novela como un todo indivisible, la calificaría de muy floja, porque una silla con dos patas bien hechas y dos defectuosas es una mala silla.
La parte de Cecilia me parece la mejor con diferencia. La autora consigue transmitir sus sentimientos y conmovernos en muchas ocasiones. La enfermedad de su madre es el hilo del que se sirve con acierto para hacer una serie de reflexiones ante la forma de afrontar la vida de la protagonista. Los personajes, son de carne y hueso. La relación con su madre está llena de matices. Me ha gustado sobre todo esa mujer generosa y abnegada, siempre alegre y llena de optimismo, que tanto me ha recordado a la mía. Las situaciones son reales, se nota que, directa o indirectamente la autora las ha conocido de cerca. Salvo algunos pequeños detalles poco creíbles, como mandar a Cecilia a Roma a consolar a un divorciado, la he leído con agrado.
En cuanto a la parte de Silvio, me parece más una obra de literatura juvenil que para adultos. La encuentro simplona: los personajes son planos, está lleno de detalles innecesarios y le falta profundidad. Sobran mayordomos, doncellas y veraneos, y, sin embargo, algo que tiene que marcar fuertemente la vida de cualquier persona, como es la marginación en los años de colegio, pasa sin pena ni gloria. Y si hablamos de la carrera de espía de Silvio, aunque no conozco ese mundo, suena falsa. Creo que hay demasiados nombres extranjeros, audiencias papales, regalos varios...y falta profundizar en otros aspectos, como por ejemplo, la amargura que tiene que producir a un hombre esa doble vida, que le obliga a delatar a las personas que han puesto en él su confianza, o casarse con alguien a quien no se ama en aras del éxito de una misión, por muy importante que sea. La parte de su hermano y la chica judía, es de lo más tópico y previsible. No añaden verosimilitud al relato detalles como que el protagonista aprendiera inglés con tanta facilidad y perfección, hasta el punto de leer a Jack London o a Dickens. O que un negro se matriculara nada menos que en Harvard, una de las universidades más elitistas de EEUU, casi dos décadas antes de que se aboliera el segregacionismo, y casi tres antes de que una estudiante negra tuviera la oportunidad de graduarse. También resta realismo el hecho de que Silvio recuerde, después de 50 años, mil detalles irrelevantes, como si bebió agua mineral o había un filete en el menú.
Las dos historias están ensambladas externamente, pero no hay cohesión interna. La parte de Silvio podría haber sido un contrapunto a la de Cecilia. Ambos nos mostrarían su forma de afrontar la vida con sus dificultades: la de Cecilia, con situaciones cotidianas, la de Silvio, más azarosa. Pero si, por poner dos extremos, la narración de Silvio podía ser algo del estilo de “El corazón de las tinieblas”, o “Las aventuras del Coyote”, me parece que está más en la línea de Mayorquí que de Conrad.