Ayer al atardecer, entre los anaqueles repletos de libros y revistas de la librería Castillón, la poesía se abrió un hueco. Raúl Herrero, poeta y editor (Libros del Innombrable) recitó poemas suyos, de Fernando Arrabal, de Antonio Fernández Molina y de Mariano Equillor. Tras un atril ligero, que apenas sujetaba el mazo de hojas con los textos, Raúl impuso su voz sobre el ir y venir de sorprendidos clientes y las transacciones económicas que continuaban. Hizo de maestro de ceremonias Valeriano Castillón, quien destacó la sensibilidad de Raúl, y el valor de las pequeñas editoriales para poner en el mercado obras de calidad ajenas a los grandes circuitos comerciales.