ISMAEL GRASA
Hoy ha amanecido lluvioso. El verde primavera, con estas aguas, se va acentuando en una explosión apresurada en la que mostrar todo su esplendor, antes de que comiencen los calores que lo agostarán. Como cada año, pasamos del frío al calor sin transición. En el Hogar de Mayores teníamos una cita con Ismael Grasa. Me he encontrado con él aparcando el coche. Venía de Zaragoza, ciudad en la que vive, para charlar con los componentes de
Le gusta Chejov, y también Carver, Cheever y Natalia Ginzburg. Como él mismo reconoce es más un escritor de la observación que de la narración. En sus relatos, una serie de personajes, que parecen estar en el filo de la navaja, viven sus vidas normales. El escritor se limita a decirnos lo que hacen, sus gestos, lo que les rodea. Lo intranscendente adquiere importancia, y la narración logra un tono, una melodía, que nos acerca a esos seres raros a primera vista, pero al mismo tiempo tan cercanos.
Para cerrar la tertulia nos ha leído un relato de su libro “Nueva California” titulado “Fortaleza”. En su voz ha adquirido todo su sentido. Fuera, seguía lloviendo.

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