Ayer regresamos de Madrid. El sábado estuvimos, mañana y tarde, en la Feria del Libro. Disfrutamos más por la mañana al haber menos gente. Por la tarde casi no se podía caminar entre las casetas. Cordial estuvo Julio Llamazares con quien conversamos largo y tendido sobre su último libro “Rosas de piedra”, en el que aparece la catedral de Barbastro. Recordaba perfectamente su paso por la ciudad y se mostró dispuesto a venir a la Tertulia allá para octubre. Con Luís Mateo Díez hablamos de sus visitas a la provincia de Huesca y nos dedicó su libro “Los males menores”. A Eduardo Mendoza lo vimos por la tarde, al frente de una larga fila que esperaba la firma de su última novela “El asombroso viaje de Pomponio Flato”. En la fila esperamos nosotros. Simpático y amable estuvo Summers, que firmaba su libro “Cocina para vagos”. Almudena Grandes, Ruiz Zafón, Luís García Montero, Luís del Val, Rosa Montero, Jorge Bucay... un montón de escritores y también de personajes mediáticos como Boris, Lucrecia, Garzón...

Por la noche fuimos al teatro, a ver “La música”, obra de Marguerite Duras. Nos quedamos con la impresión de que faltaba algo cuando terminó, de hecho tuvieron que salir los actores a que aplaudiéramos, pues nadie creía que había llegado el final. La interpretación y puesta en escena están muy bien. Los dos actores protagonistas, que interpretan a una pareja en trámites de divorcio, saben mantener una tensión constante subrayada por la música en directo de un violín y un violonchelo. Pero nos supo a poco.

Visitamos el domingo por la mañana la impresionante exposición “Goya en tiempos de guerra” en el Museo del Prado. Nos sorprendió la cantidad de cuadros expuestos, muchos de los cuales han sido reunidos por primera vez. Espectacular la sala en la que se exponen juntos “El dos de mayo” y “Los fusilamientos”, recién restaurados muestran toda su fuerza con un colorido increíble. Hay en otra sala dos cuadros “Majas al balcón” y “Majas y Celestina” que juntos multiplican su belleza. Retratos, grabados, bodegones, bocetos... apabullan en un itinerario en el que la fuerte personalidad de Goya, su aguda visión y crítica de la sociedad en la que vivió, y su maestría excepcional quedan de manifiesto. A los visitantes, de todas las nacionalidades, se nos escapaban comentarios en voz alta: “Maravilloso”, “Magnífico”...

Por último, las cuestiones de intendencia funcionaron de maravilla. El hotel muy bien, y las comidas estupendas.

Quienes tuvimos la suerte de poder ir quedamos ya para el año que viene.