A caballo entre enero y febrero de este año hubo en la UNED de Barbastro una exposición de Jesús Moncada. Se exponía la obra pictórica y paneles sobre su universo literario, aquella Mequinenza minera asomada al río y al mundo a través del Ebro. Vino a la inauguración la hermana de Jesús, Rosa María, y también la alcaldesa de la villa. Es en ese momento cuando surge la idea de poner “Camino de sirga” entre las lecturas de la Tertulia.

Jesús Moncada nació en Mequinenza en 1941. Tras haber estudiado en Zaragoza Bachillerato y Magisterio (su padre no quería que estudiara en un colegio religioso de Lérida, la alternativa más lógica), regresa a su lugar de origen para ejercer como maestro. Se traslada a vivir a Cataluña en 1966, el mismo año en el que las aguas del pantano inundan Mequinenza. En Barcelona escribe y pinta; acaricia la idea de vivir de la pintura y expone en varias muestras individuales y colectivas. Establece una relación de amistad con el gran narrador catalán Pere Calders, recién regresado del exilio mexicano al que le muestra sus escritos. A partir de aquel encuentro Jesús Moncada se decanta definitivamente por la literatura, y el catalán, la lengua de su infancia, la que se habla en esa parte de Aragón donde él nació se convierte en el idioma con el que mejor transmitirá sus vivencias y emociones. Pronto le empezarán a llegar los reconocimientos. Tras recibir en 2004 el Premio de las Letras Aragonesas, murió en Barcelona el 2005.

“Camino de sirga”, escrita en 1988, obtuvo el Premio de la Crítica y fue finalista del Premio Nacional. Ha sido galardonada además con los premios «Joan Crexells», Ciutat de Barcelona, Fundació d’Amics de les Arts i de les lletres de Sabadell y Crítica de Serra d’or.

Es interesante leer las palabras de Pere Calders sobre Moncada, escritas como prólogo a “Historias de la mano izquierda”: http://www.lletra.com/noms/jmoncada/index.html

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“Camino de sirga” es como un lujoso fresco que refleja la vida y los cambios que se van produciendo en Mequinenza a lo largo de buena parte del siglo XX. Es una mirada irónica, tierna, crítica, con grandes dosis de un humor muy ocurrente. Nos propone una galería de personajes cuyas vidas, engarzadas las unas con las otras, nos muestran la grandeza y miseria del ser humano. La estructura es un constante ir y venir en el tiempo, son los recuerdos los que completan la historia de ese rincón, apartado y abierto al mundo al mismo tiempo. Hay recursos literarios extraordinarios, como el de asomarse al pasado a través de los objetos que sacaban de las casas antes de ser derribadas, o los efectos de la guerra civil reflejados en la diezmada orquesta del pueblo, que ya nunca se recompuso. Supongo que Moncada sabía escuchar y anotó anécdotas sobre personajes que vivieron en una época difícil. Era además un buen observador, lo que se refleja en sus descripciones pictóricas de las escenas. Para mí, todo un descubrimiento que he leído con cariño y cercanía, ya que estuve un curso como maestro en Mequinenza.

PRIMERA RONDA DE INTERVENCIONES:

  • Es una narración que me ha gustado mucho, la historia de las gentes del pueblo, de un fin y de un comienzo. Trama de personajes que aparecen una y otra vez, que giran alrededor de un eje, el río Ebro. Es un tipo de libro que me apasiona: saber cómo fue la vida en Mequinenza...
  • Narra la historia del pueblo, de España e incluso de Europa. Está escrita con mucha habilidad, con una gran riqueza de vocabulario. Apoyándose en aspectos concretos va y vuelve de un tiempo a otro. Me recuerda a “Cien años de soledad” (Por ejemplo el detalle del órgano que había tocado la Internacional y ya estaba “contaminado”). Los protagonistas son el Ebro y los laúdes. Me gusta cómo desfilan los personajes de distintas épocas. Hay algunos muy buenos, que forman un universo particular, con una atmósfera mítica de gran valor literario. Hay mucha ironía, parece divertido, pero también es fatalista.
  • Es un buen libro. Moncada sabe reflejar, con una buena literatura, las conversaciones de la gente. Me ha costado bastante leerlo, a veces me ha parecido farragoso, con tanto personaje e historias que se suceden. Es una historia muy original, con muchas idas y venidas en el tiempo. El personaje es Mequinenza, con todos sus habitantes a lo largo de cien años: los cambios producidos, las relaciones sociales, el comercio, la actividad minera... El tono es nostálgico, sin caer en la amargura. Hay también humor, sutil y poético. Me han llamado la atención la escena del cuadro, la descripción de El Edén, la del espejo que se rompe, la del ataúd reciclado... Creo que hay tres temas: la influencia de la historia en la vida del pueblo (guerras, maquis...), el sistema económico del lugar, y las relaciones humanas (con la hipocresía, el amor, la amistad...).
  • Hay golpes muy buenos (el hecho de que llueva en la Francia republicana y laica, mientras que en España, tras los esfuerzos de la Cruzada y el catolicismo no cae una gota). Al empezar pensé que iba a ser un rollo, pero luego me ha gustado mucho. Es un libro que cuesta leer, es como se ha dicho algo farragoso, con un lenguaje barroco. El autor tiene una gran capacidad para narrar, yendo y viniendo en el tiempo. Hay golpes de humor geniales y personajes muy bien dibujados.
  • No lo he leído. Lo intenté, me estaba gustando mucho, pero creo que es para leerlo despacio, con tiempo. Si leía rápido me perdía y tenía que releer, así que he decidido esperar y leerlo en condiciones. Me encanta cómo está escrito.
  • Me ha resultado una lectura lenta, no lo he acabado, me cuesta y me gusta al mismo tiempo. Me encanta la ironía.
  • No lo he leído. Creo que el lenguaje es muy recargado y me agobia. Estoy segura de que las historias me gustarían, pero tal vez soy poco paciente.
  • Mientras lo leía me acordaba de los culebrones televisivos: un montón de historias entrelazadas, en las que nos insinúa lo que más tarde nos contará. Me ha encantado, me he reído mucho, y me parece que logra muy bien las descripciones, parece que estés viendo lo que narra.
  • Me ha parecido una gozada de libro, insuperable en su género, genial, muy bueno. No sólo por las anécdotas y el humor. Me gusta el tema de los cambios, ese pueblo que va a desaparecer. No es un libro divertido en sí, pero tampoco triste, no hay amargura. Parece que escuchas a la gente del pueblo con su propia voz. A través de las anécdotas nos cuenta la vida de Mequinenza, y también vemos la historia de España: vemos reflejada la influencia de acontecimientos lejanos, como las guerras mundiales, la tragedia de la guerra civil y sus durísimas consecuencias... No lo cuenta con amargura, pero te llega muy adentro al narrarlo tal y como haría la gente del pueblo llano. Las anécdotas son buenísimas, unas trágicas, otras de amor, de burla... Lo he pasado muy bien leyendo, he sufrido, me he emocionado, me he reído...