E.A.A. dijo
LO TENÍA TODO
Lo tenía todo, o al menos así me lo parecía. Cada mañana me miraba al espejo y repasaba satisfecho las coordenadas de mi existencía. El dinero, el éxito,los negocios brillantes, una familia a mi imagen y semejanza – con excepción de la abuela- , un ramillete florido de enemigos y tantas cosas como cualquier hombre pudiera desear, yo las tenía en abundancia y no dudaba en exhibirlas descaradamente con cualquier excusa, como el hidalgo que muestra orgulloso sus cartas de sangre.
Por tener, tenía hasta una abuela nonagenaria , instruida e impertinente, que suplía con creces mi adormecida conciencia y que como una forma sutil de torturarme, se dedicada frecuentemente a regalarme libros. "Tú tienes demasiado de todo, menos libros,y ese es el problema"-, decía a la menor ocasión que se le presentaba.
Una tarde al llegar a casa mi abuela me dijo: “Han llamado para decirte que se ha agravado la enfermedad de tu amigo Daniel y que está hospitalizado”. Para mi abuela Daniel era un amigo, para mí, lo había sido desde la infancia, pero a causa de codicias comunes nos habíamos enemistado mortalmente hacía unos años.
Mi abuela, con su sabiduría añeja y puñetera, a la menor ocasión soltaba una de su máximas favoritas: “ Vale más una florecica al vivo, que una coronaza al muerto”, decía ; pero para mí, ¡ojalá muriera cuanto antes, un competidor menos! Un día desayunando -erámos los únicos que madrugábamos en casa- me dijo . "Tú que crees que los has probado todo ¿Porqué no pruebas a hacer el bien y vas a ver a Daniel?" Me conocía bien, me lo planteó como un reto y yo lo acepté, después de todo durante más de 40 años había sido mi mejor amigo.
Sin pensarlo , cogí el jaguar de tapicería oscura , a tono con las circunstancias y me fui al hospital.
Recuerdo que era otoño y anochecía, al llegar su esposa- no tenían hijos- su única compañía, me miró sorprendida en la penumbra, se levantó, vino hacía mí se echó a llorar y me abrazó como hacía tiempo que no me abrazaba nadíe. ¡Gracias¡ me dijo. Se la veía agotada, "Vete a casa y descansa -le dije-que esta noche me quedaré yo”, se fue y yo me quedé a solas con Daníel. La enfermedad lo había convertido físicamente en un monstruo, tenía un cáncer en la garganta y apenas se le podía mirar a la cara sin asustarse. Estaba sedado, le quedaban horas o a lo más días de vida. Le cogí la mano, e inmediatamente noté que me la apretaba con un afecto y una intensidad inexplicables en su estado agónico. Él no podía hablar y yo tampoco, no pudimos dormir, lloramos y mantuvimos juntas nuestras manos toda la noche sin decirnos nada.
Al amanecer llegó su esposa, me dio las gracias, me abrazó de nuevo, como nadíe salvo ella el día anterior,me había abrazado y me fui. Cuando salía, el sol se levantaba y por primera vez me detuve a contemplar su hermosa indiferencia. Subí al coche para volver a casa y mientras derramada una última lágrima, en la radio sonaba un fado "Desenreda el nudo del rencor, cualquier manera de amor vale la pena..."
Manucho.-
17 Noviembre 2006 | 06:57 PM
José A. Albero dijo
“CASA LOS DIEZ”
Una buena parte de los juegos de mi infancia tuvieron como escenario un céntrico corral de mi pueblo. Antaño, las casas rurales tenían en su parte posterior un espacio amplio y abierto en el que correteaban las gallinas y se apilaban herramientas, cacharros diversos, leña... Para nosotros, niños de cinco u ocho años, los corrales eran una especie de guardería privada, que nuestras madres preferían a la calle.
Ángel era uno de mis amigos. Quizás el mejor. Y tenía, nada más y nada menos, que nueve hermanos. Por eso le llamábamos Ángel el de los diez. Su casa, situada en una céntrica calle, contaba con el corral más concurrido del pueblo. Y es que por él pasamos varias generaciones de niños, repitiendo juegos que íbamos heredando los pequeños de los mayores en una especie de carrera de relevos.
Aquel corral nos parecía inmenso. Tenía forma de ele y comunicaba a la calle a través de una cochera, a menudo ocupada por un carro, por un enorme portón de madera. Era el lugar en el que nos protegíamos si el tiempo no era bueno. El brazo largo de la ele continuaba en el exterior, delimitado por muros de piedra tosca de yeso, en cuyos huecos se refugiaban las lagartijas y tejían sus trampas las arañas. A un lado, la leñera y una higuera cuyo verdor resultaba exótico en un lugar tan seco. Al fondo, junto a los gallineros, había un profundo pozo de agua salitrosa al que no nos estaba permitido acercarnos. En el brazo corto, que giraba a la derecha, asomaban las puertas de las cuadras y un pasadizo que comunicaba con la casa. Durante el día aquel era nuestro territorio.
Jugábamos a las chapas. Ángel, además de tener nueve hermanos, tenía un tío que era el dueño del Bar la Encina. Cada lunes, por la mañana, íbamos a recoger un cubo lleno de serrín y chapas que Eulalia, la señora que escobaba el bar, nos guardaba. En la intimidad del corral volcábamos su contenido, y nosotros, lejos de sospechar que aquello no era higiénico, rebuscábamos y a veces encontrábamos un tesoro, que bien podía ser una peseta o la chapa vistosa de alguna bebida especial que nunca habíamos visto. Las chapas más repetidas (o moldes que era como las llamábamos) eran las de Pilsen y Coca-Cola, por eso las usábamos para indios en las batallas o anónimos corredores del pelotón en el Tour. Las selectas, de Campari o Cinzano, con diseños singulares, disfrutaban del privilegio de los elegidos y se convertían en caudillos de enormes ejércitos o esforzados escapados de la vuelta francesa.
Aquel corral, punto de encuentro y juegos, fue también lugar de partida de expediciones infantiles que nos llevarían a descubrir el mundo.
José A. Albero
26 Noviembre 2006 | 01:29 PM
José Antonio Albero dijo
MAYO LITERARIO
Un año más, mayo adquiere un marcado acento literario en Barbastro. La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento ha organizado una serie de encuentros con escritores que sirven de preludio a la elección de los nuevos premios de Novela y Poesía de la ciudad. Ellos son el oscense Carlos Castán, la madrileña Elena Sanemeterio y el bilbaíno Fernando Marías.
Carlos Castán es profesor de Filosofía en Huesca. Autor de “Museo de la soledad” y “Frío de vivir”, es un escritor que se prodiga poco a pesar del éxito de sus relatos. Sus historias tratan de reflejar la sed de intensidad de unos personajes que constatan la brevedad de la vida. Son narraciones amargas, con más dolor que alegría, pero es que cuando uno está feliz, en palabras de Carlos, no se para a escribir, se dedica a vivir. Literariamente es más interesante la tristeza que la alegría. Según él hay escritores con mapa y escritores con brújula, los primeros planifican la estructura del relato con minuciosidad, los segundos se dejan llevar por su intuición. Carlos es de los de brújula y cree que son las historias quienes lo eligen a él para que las cuente. Cuando encuentra una idea pregunta y decide la respuesta que cree válida, y vuelve a preguntar una y otra vez, tratando de hallar un camino, como si adentrándose en un laberinto fuera estirando un hilo con delicadeza para no romperlo. Al final aparece la historia. Su prosa es poética, bella y profunda. Con ella, Carlos nos atrapa como el encantador de serpientes, y nos tiene hipnotizados de principio a fin.
Elena Sanemeterio fue la ganadora del Premio Novela Corta Ciudad de Barbastro 2005 con su primera novela “Escalera de servicio”. Una niña nacida en plena Guerra Civil durante los bombardeos de Madrid, cuenta en primera persona, las dificultades y penurias que pasaron quienes vivieron los horrores de la guerra, la miseria y el miedo de los años posteriores. Es una novela sencilla, con un desarrollo narrativo lineal, en el que apenas hay saltos en el tiempo. El tono narrativo es melancólico, apropiado para transmitir la triste historia que constituye la vida de la protagonista, de sus padres, y de aquel tiempo. No es una voz crítica, que denuncie con acritud la injusticia, si no la de una niña que mira con escepticismo un mundo que no entiende y que “tiene la sensación de estar viviendo fuera de la acción” A pesar de la sencillez de lo narrado (no hay apenas acontecimientos extraordinarios), la historia nos engancha enseguida, desde las primeras líneas que describen el camino al hospital para dar a luz su madre. Nos atrapa una voz narrativa muy lograda, que intercala detalles sutiles en las descripciones que dan verosimilitud a lo que nos cuenta. La escritura es muy correcta, elaborada y corregida, de frase breve y un vocabulario rico pero sin excesos. El título del libro hace referencia a las escaleras de servicio que deben usar quienes no pertenecen a las clases favorecidas, imagen clara de una sociedad con personas que no valen lo mismo. Tras la narración de los hechos, se refleja un fondo de odios, miedos y rencores de un tiempo que para muchos fue difícil. Los dramas vividos dejan un poso de amargura en los personajes difícil de superar. Fernando Marías es muy conocido en nuestra ciudad a la que siempre agradece el haberle empujado en su carrera literaria. Presidente del jurado del Premio de Novela Corta Ciudad de Barbastro por segundo año consecutivo, él lo ganó en 1991 con “La luz prodigiosa”. Ganador del Premio Nadal en 2001 con “El niño de los coroneles”, del Anaya de Literatura Infantil y Juvenil con “Cielo abajo”, del Ateneo de Sevilla con “El mundo se acaba todos los días” y del Dulce Chacón con “Invasor”, es un escritor ya consagrado. Su obra más reciente,”El mundo se acaba todos los días” recuerda en su complicada estructura a anteriores novelas en las que se intercalan historias, cartas y textos diversos en una especie de puzzle que el lector ha de ir recomponiendo. Se producen además, saltos en el tiempo, pues la novela, ambientada en 2015, parte recordando hechos sucedidos en 2004, lo que permite al autor hablar y criticar el presente desde la distancia. La dramática voz narrativa de un alcohólico descoloca al lector con un relato que se solapa con una crítica a la capacidad manipuladora de los medios de comunicación, mezclando realidad y pesadillas, historias que se suceden unas dentro de otras, en una visión nada optimista de los tiempos que vivimos (“La primera década del siglo XXI es la que logró en sus últimos años la consagración de la imbecilidad”). Fernando Marías demuestra una capacidad narrativa desbordante, pues con la cantidad de historias que la novela incluye se podrían escribir varios libros. La habilidad para entrecruzarlas delata que además de un magnífico escritor, Fernando es también un buen guionista. La labor que llevan a cabo la Concejalía de Cultura, la UNED, la Biblioteca, los grupos de lectura y otros colectivos ciudadanos, pueden hacer de Barbastro una ciudad comprometida con la literatura. Tenemos ese reto y hay que conseguirlo.
José Antonio Albero
10 Diciembre 2006 | 05:39 PM
José Antonio Albero dijo
"LEER" (Artículo publicado en "El Cruzado Aragonés" 15-05-04)
“El arte de leer se está muriendo muy lentamente, es un ritual íntimo. Y es que un libro es un espejo en el que sólo podemos encontrar lo que ya llevamos dentro, al leer ponemos la mente y el alma, bienes que cada día son más escasos.”
Son palabras que Carlos Ruiz Zafón pone en boca de Bea, uno de los personajes de su magnífica novela “La Sombra del Viento” que tanto éxito ha obtenido. Así pues, usted pertenece, tal vez sin saberlo, a esa especie que según los agoreros está en vías de extinción o en franco retroceso: la de los lectores.
En el rico programa del Mayo Cultural organizado por el Ayuntamiento de Barbastro, encontramos importantes actos en torno a los libros y a la creación literaria. Entre ellos cabe destacar el Fallo de los Premios Literarios 2004 y las Tertulias Literarias. Este año, además, Barbastro ha sido sede del II Congreso de la Asociación Aragonesa de Escritores. Quienes amamos los libros, no podemos más que alegrarnos. Sabemos que los índices de lectura son bajos, pero produce esperanza saber que el gusto por la lectura es algo contagioso. Daniel Pennac dice que leer no admite el imperativo. Como no lo admite el verbo amar. No se puede mandar a alguien que ame, o que disfrute leyendo. El amor y el ansia de leer han de surgir de dentro de uno mismo. Eso sí, podemos ayudar a convencer, podemos animar, y en la lectura, todo lo que hagamos es poco. Por eso, bienvenidos sean estos actos.
La adquisición de la lectura por parte de un público mayoritario es una cosa reciente, pues en la antigüedad y en la edad media eran muy pocos los alfabetizados. Hasta el siglo XVIII sólo se leían lecturas sagradas por parte del gran público. Es a partir de entonces cuando comienza lo que podemos llamar lectura profana o laica. Aparecen los primeros “best-sellers” de la historia, que tuvieron gran éxito e influencia. Algunos tanta que fueron tachados de peligrosos, como ocurrió con el Werther de Goethe, que indujo al suicidio a algunos de sus lectores, y sirvió de argumento a los detractores para subrayar “los efectos perniciosos” de la lectura. No hace muchos años, a los estudiantes se nos decía que no perdiéramos el tiempo leyendo, que lo que había que hacer era estudiar.
Además del cambio en el tipo de lecturas, comenzó a leerse más, a hacerse individualmente y sobretodo a buscar variedad, pues con anterioridad se leían las mismas obras una y otra vez. Se empezó a considerar la lectura como una de las maneras de adquirir formación. Se leía por ello de forma acumulativa y sistemática. Hoy ya no es así. Ahora, cuando leemos, lo hacemos de forma fragmentaria, generalmente dejándonos guiar por la publicidad, las listas de libros más vendidos, la opinión de los críticos o los consejos de amigos y libreros. Leemos de aquí y de allá, buscando fundamentalmente el entretenimiento y la información.
Desde hace años, la competencia de la televisión en el empleo del tiempo libre, viene siendo considerada como una de las causas de que los índices de lectura disminuyan. Pero reconozcámoslo, estos nunca han sido muy altos. Lo grave es que, a pesar de campañas esporádicas e iniciativas con más o menos éxito, las cosas parece que no mejoran mucho. La formación que se adquiere a través de la lectura requiere tiempo y paciencia, algo que parece faltar en los días que corren.
Más recientemente, otro fenómeno está condicionando los hábitos lectores: es el de la informatización de la escritura. Quienes hemos adquirido una educación basada en los libros, nos resistimos a leer en la pantalla del ordenador textos muy extensos. Preferimos la letra impresa. Tal vez sea por eso que, de momento, los libros digitales no han tenido mucho éxito. No sabemos si las nuevas generaciones, nacidas ya en la era de la informática, seguirán encontrando placer en ese ritual íntimo que es la lectura de un libro. Mientras, esperamos leyendo.
José Antonio Albero
10 Diciembre 2006 | 05:47 PM
Enrique dijo
Hay un anuncio en TV, con la voz de Julio Cortazar, leyendo un texto de Historias de Cronopios y de Famas.
¿Cual es?
29 Marzo 2007 | 10:19 PM
Josan dijo
Es un anuncio de Seat, en el que Cortázar lee "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj". Por cierto, que no aparece en ningún momento el nombre del autor.
31 Marzo 2007 | 06:40 PM
ignacio sanz dijo
josé antonio: tú, dale que dale, siempre emboscado en esta tarea benemérita. Por fin he entrado y aquí encuentro tus comentarios y esa fiebre por la lectura y el mundo literario que paso a paso vamos creando. En fin, un abrazo y que la fiebre no decaiga. Y gracias, una vez más por todo lo que cuentas. Ignacio.
9 Junio 2007 | 10:26 AM
Vicino dijo
"Alergia al níquel, cipreses y familiares". (Basada en hechos medio reales)
A media tarde de aquel día primaveral, Rubén tuvo un nuevo ataque de tos, el enésimo, y se prometió a sí mismo que de la mañana siguiente no pasaba sin acudir a la consulta de su médico de cabecera. Rubén siempre estaba buscando, e indefectiblemente encontrando, excusas que habían ido retrasando su visita al galeno. Pero esta vez, el acceso de tos había sido extremadamente violento y sofocante, lo que alarmó como nunca a Rubén.
El Doctor Hipócrates, tras la exploración habitual que le permite el sistema sanitario público, apresurada y atropellada, alcanzó a diagnosticar que se trataba de una alergia, si bien carecía de medios para concretar los agentes causantes de la misma. Así que el Doctor Hipócrates extendió el oportuno volante para que Rubén fuese examinado por el especialista, en este caso el alergista.
La visita al alergólogo debía hacerse en Osca, ciudad a unos cincuenta kilómetros de su localidad de residencia. Tras el oportuno examen médico de rigor del especialista, el diagnóstico dejó asombrado a Rubén. "Alergia al níquel, cipreses y familiares".
Así se explica Rubén la mirada de besugo de su padre, las comidas notablemente mejorables de su madre, las interminables conversaciones vacías con su hermano, la insoportable irascibilidad de su hermana, la cara de bobo solemne de su cuñado, la insolencia de sus sobrinos, la idiotez de su abuela, la inutilidad de su primo... y la intransigencia y soledad de sí mismo.
Convencido de su soledad, ahora Rubén siempre lleva una pistola encima, y en el momento oportuno saltarse la tapa de los sesos y librarse por siempre de tantas alergias.
4 Septiembre 2007 | 09:24 PM
"AMISTAD Y LECTURA"
La Tertulia del Pedro I inició su andadura en octubre del 2003 en el Colegio Pedro I de Barbastro. Formamos parte de ella un grupo que oscila alrededor de las veinte personas, padres y maestros, aunque sería más exacto decir madres y maestras. La intención es fomentar la lectura en el colegio, pues sabemos que si los padres leen, es más probable que los hijos también lo hagan. Este es un blog “casero”, que nos sirve al grupo para dejar escrito lo que vamos haciendo. Con el paso del tiempo se ha convertido en un archivo de lecturas comentadas que puede ser útil a otras personas. Si quieres ver todos los libros que hemos leído puedes hacerlo pinchando en la categoría “LIBROS DE LA TERTULIA”. Ahí hemos anotado las opiniones de los tertulianos en lo que llamamos “primera ronda”, es decir una primera impresión general de lo que a cada uno le ha parecido el libro.
22 sep 2008 | 12:11 AM
E.A.A. dijo
LO TENÍA TODO
Lo tenía todo, o al menos así me lo parecía. Cada mañana me miraba al espejo y repasaba satisfecho las coordenadas de mi existencía. El dinero, el éxito,los negocios brillantes, una familia a mi imagen y semejanza – con excepción de la abuela- , un ramillete florido de enemigos y tantas cosas como cualquier hombre pudiera desear, yo las tenía en abundancia y no dudaba en exhibirlas descaradamente con cualquier excusa, como el hidalgo que muestra orgulloso sus cartas de sangre.
Por tener, tenía hasta una abuela nonagenaria , instruida e impertinente, que suplía con creces mi adormecida conciencia y que como una forma sutil de torturarme, se dedicada frecuentemente a regalarme libros. "Tú tienes demasiado de todo, menos libros,y ese es el problema"-, decía a la menor ocasión que se le presentaba.
Una tarde al llegar a casa mi abuela me dijo: “Han llamado para decirte que se ha agravado la enfermedad de tu amigo Daniel y que está hospitalizado”. Para mi abuela Daniel era un amigo, para mí, lo había sido desde la infancia, pero a causa de codicias comunes nos habíamos enemistado mortalmente hacía unos años.
Mi abuela, con su sabiduría añeja y puñetera, a la menor ocasión soltaba una de su máximas favoritas: “ Vale más una florecica al vivo, que una coronaza al muerto”, decía ; pero para mí, ¡ojalá muriera cuanto antes, un competidor menos! Un día desayunando -erámos los únicos que madrugábamos en casa- me dijo . "Tú que crees que los has probado todo ¿Porqué no pruebas a hacer el bien y vas a ver a Daniel?" Me conocía bien, me lo planteó como un reto y yo lo acepté, después de todo durante más de 40 años había sido mi mejor amigo.
Sin pensarlo , cogí el jaguar de tapicería oscura , a tono con las circunstancias y me fui al hospital.
Recuerdo que era otoño y anochecía, al llegar su esposa- no tenían hijos- su única compañía, me miró sorprendida en la penumbra, se levantó, vino hacía mí se echó a llorar y me abrazó como hacía tiempo que no me abrazaba nadíe. ¡Gracias¡ me dijo. Se la veía agotada, "Vete a casa y descansa -le dije-que esta noche me quedaré yo”, se fue y yo me quedé a solas con Daníel. La enfermedad lo había convertido físicamente en un monstruo, tenía un cáncer en la garganta y apenas se le podía mirar a la cara sin asustarse. Estaba sedado, le quedaban horas o a lo más días de vida. Le cogí la mano, e inmediatamente noté que me la apretaba con un afecto y una intensidad inexplicables en su estado agónico. Él no podía hablar y yo tampoco, no pudimos dormir, lloramos y mantuvimos juntas nuestras manos toda la noche sin decirnos nada.
Al amanecer llegó su esposa, me dio las gracias, me abrazó de nuevo, como nadíe salvo ella el día anterior,me había abrazado y me fui. Cuando salía, el sol se levantaba y por primera vez me detuve a contemplar su hermosa indiferencia. Subí al coche para volver a casa y mientras derramada una última lágrima, en la radio sonaba un fado "Desenreda el nudo del rencor, cualquier manera de amor vale la pena..."
Manucho.-
17 Noviembre 2006 | 06:57 PM
José A. Albero dijo
“CASA LOS DIEZ”
Una buena parte de los juegos de mi infancia tuvieron como escenario un céntrico corral de mi pueblo. Antaño, las casas rurales tenían en su parte posterior un espacio amplio y abierto en el que correteaban las gallinas y se apilaban herramientas, cacharros diversos, leña... Para nosotros, niños de cinco u ocho años, los corrales eran una especie de guardería privada, que nuestras madres preferían a la calle.
Ángel era uno de mis amigos. Quizás el mejor. Y tenía, nada más y nada menos, que nueve hermanos. Por eso le llamábamos Ángel el de los diez. Su casa, situada en una céntrica calle, contaba con el corral más concurrido del pueblo. Y es que por él pasamos varias generaciones de niños, repitiendo juegos que íbamos heredando los pequeños de los mayores en una especie de carrera de relevos.
Aquel corral nos parecía inmenso. Tenía forma de ele y comunicaba a la calle a través de una cochera, a menudo ocupada por un carro, por un enorme portón de madera. Era el lugar en el que nos protegíamos si el tiempo no era bueno. El brazo largo de la ele continuaba en el exterior, delimitado por muros de piedra tosca de yeso, en cuyos huecos se refugiaban las lagartijas y tejían sus trampas las arañas. A un lado, la leñera y una higuera cuyo verdor resultaba exótico en un lugar tan seco. Al fondo, junto a los gallineros, había un profundo pozo de agua salitrosa al que no nos estaba permitido acercarnos. En el brazo corto, que giraba a la derecha, asomaban las puertas de las cuadras y un pasadizo que comunicaba con la casa. Durante el día aquel era nuestro territorio.
Jugábamos a las chapas. Ángel, además de tener nueve hermanos, tenía un tío que era el dueño del Bar la Encina. Cada lunes, por la mañana, íbamos a recoger un cubo lleno de serrín y chapas que Eulalia, la señora que escobaba el bar, nos guardaba. En la intimidad del corral volcábamos su contenido, y nosotros, lejos de sospechar que aquello no era higiénico, rebuscábamos y a veces encontrábamos un tesoro, que bien podía ser una peseta o la chapa vistosa de alguna bebida especial que nunca habíamos visto. Las chapas más repetidas (o moldes que era como las llamábamos) eran las de Pilsen y Coca-Cola, por eso las usábamos para indios en las batallas o anónimos corredores del pelotón en el Tour. Las selectas, de Campari o Cinzano, con diseños singulares, disfrutaban del privilegio de los elegidos y se convertían en caudillos de enormes ejércitos o esforzados escapados de la vuelta francesa.
Aquel corral, punto de encuentro y juegos, fue también lugar de partida de expediciones infantiles que nos llevarían a descubrir el mundo.
José A. Albero
26 Noviembre 2006 | 01:29 PM
José Antonio Albero dijo
MAYO LITERARIO
Un año más, mayo adquiere un marcado acento literario en Barbastro. La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento ha organizado una serie de encuentros con escritores que sirven de preludio a la elección de los nuevos premios de Novela y Poesía de la ciudad. Ellos son el oscense Carlos Castán, la madrileña Elena Sanemeterio y el bilbaíno Fernando Marías.
Carlos Castán es profesor de Filosofía en Huesca. Autor de “Museo de la soledad” y “Frío de vivir”, es un escritor que se prodiga poco a pesar del éxito de sus relatos. Sus historias tratan de reflejar la sed de intensidad de unos personajes que constatan la brevedad de la vida. Son narraciones amargas, con más dolor que alegría, pero es que cuando uno está feliz, en palabras de Carlos, no se para a escribir, se dedica a vivir. Literariamente es más interesante la tristeza que la alegría. Según él hay escritores con mapa y escritores con brújula, los primeros planifican la estructura del relato con minuciosidad, los segundos se dejan llevar por su intuición. Carlos es de los de brújula y cree que son las historias quienes lo eligen a él para que las cuente. Cuando encuentra una idea pregunta y decide la respuesta que cree válida, y vuelve a preguntar una y otra vez, tratando de hallar un camino, como si adentrándose en un laberinto fuera estirando un hilo con delicadeza para no romperlo. Al final aparece la historia. Su prosa es poética, bella y profunda. Con ella, Carlos nos atrapa como el encantador de serpientes, y nos tiene hipnotizados de principio a fin.
Elena Sanemeterio fue la ganadora del Premio Novela Corta Ciudad de Barbastro 2005 con su primera novela “Escalera de servicio”. Una niña nacida en plena Guerra Civil durante los bombardeos de Madrid, cuenta en primera persona, las dificultades y penurias que pasaron quienes vivieron los horrores de la guerra, la miseria y el miedo de los años posteriores. Es una novela sencilla, con un desarrollo narrativo lineal, en el que apenas hay saltos en el tiempo. El tono narrativo es melancólico, apropiado para transmitir la triste historia que constituye la vida de la protagonista, de sus padres, y de aquel tiempo. No es una voz crítica, que denuncie con acritud la injusticia, si no la de una niña que mira con escepticismo un mundo que no entiende y que “tiene la sensación de estar viviendo fuera de la acción” A pesar de la sencillez de lo narrado (no hay apenas acontecimientos extraordinarios), la historia nos engancha enseguida, desde las primeras líneas que describen el camino al hospital para dar a luz su madre. Nos atrapa una voz narrativa muy lograda, que intercala detalles sutiles en las descripciones que dan verosimilitud a lo que nos cuenta. La escritura es muy correcta, elaborada y corregida, de frase breve y un vocabulario rico pero sin excesos. El título del libro hace referencia a las escaleras de servicio que deben usar quienes no pertenecen a las clases favorecidas, imagen clara de una sociedad con personas que no valen lo mismo. Tras la narración de los hechos, se refleja un fondo de odios, miedos y rencores de un tiempo que para muchos fue difícil. Los dramas vividos dejan un poso de amargura en los personajes difícil de superar. Fernando Marías es muy conocido en nuestra ciudad a la que siempre agradece el haberle empujado en su carrera literaria. Presidente del jurado del Premio de Novela Corta Ciudad de Barbastro por segundo año consecutivo, él lo ganó en 1991 con “La luz prodigiosa”. Ganador del Premio Nadal en 2001 con “El niño de los coroneles”, del Anaya de Literatura Infantil y Juvenil con “Cielo abajo”, del Ateneo de Sevilla con “El mundo se acaba todos los días” y del Dulce Chacón con “Invasor”, es un escritor ya consagrado. Su obra más reciente,”El mundo se acaba todos los días” recuerda en su complicada estructura a anteriores novelas en las que se intercalan historias, cartas y textos diversos en una especie de puzzle que el lector ha de ir recomponiendo. Se producen además, saltos en el tiempo, pues la novela, ambientada en 2015, parte recordando hechos sucedidos en 2004, lo que permite al autor hablar y criticar el presente desde la distancia. La dramática voz narrativa de un alcohólico descoloca al lector con un relato que se solapa con una crítica a la capacidad manipuladora de los medios de comunicación, mezclando realidad y pesadillas, historias que se suceden unas dentro de otras, en una visión nada optimista de los tiempos que vivimos (“La primera década del siglo XXI es la que logró en sus últimos años la consagración de la imbecilidad”). Fernando Marías demuestra una capacidad narrativa desbordante, pues con la cantidad de historias que la novela incluye se podrían escribir varios libros. La habilidad para entrecruzarlas delata que además de un magnífico escritor, Fernando es también un buen guionista. La labor que llevan a cabo la Concejalía de Cultura, la UNED, la Biblioteca, los grupos de lectura y otros colectivos ciudadanos, pueden hacer de Barbastro una ciudad comprometida con la literatura. Tenemos ese reto y hay que conseguirlo.
José Antonio Albero
10 Diciembre 2006 | 05:39 PM
José Antonio Albero dijo
"LEER" (Artículo publicado en "El Cruzado Aragonés" 15-05-04)
“El arte de leer se está muriendo muy lentamente, es un ritual íntimo. Y es que un libro es un espejo en el que sólo podemos encontrar lo que ya llevamos dentro, al leer ponemos la mente y el alma, bienes que cada día son más escasos.”
Son palabras que Carlos Ruiz Zafón pone en boca de Bea, uno de los personajes de su magnífica novela “La Sombra del Viento” que tanto éxito ha obtenido. Así pues, usted pertenece, tal vez sin saberlo, a esa especie que según los agoreros está en vías de extinción o en franco retroceso: la de los lectores.
En el rico programa del Mayo Cultural organizado por el Ayuntamiento de Barbastro, encontramos importantes actos en torno a los libros y a la creación literaria. Entre ellos cabe destacar el Fallo de los Premios Literarios 2004 y las Tertulias Literarias. Este año, además, Barbastro ha sido sede del II Congreso de la Asociación Aragonesa de Escritores. Quienes amamos los libros, no podemos más que alegrarnos. Sabemos que los índices de lectura son bajos, pero produce esperanza saber que el gusto por la lectura es algo contagioso. Daniel Pennac dice que leer no admite el imperativo. Como no lo admite el verbo amar. No se puede mandar a alguien que ame, o que disfrute leyendo. El amor y el ansia de leer han de surgir de dentro de uno mismo. Eso sí, podemos ayudar a convencer, podemos animar, y en la lectura, todo lo que hagamos es poco. Por eso, bienvenidos sean estos actos.
La adquisición de la lectura por parte de un público mayoritario es una cosa reciente, pues en la antigüedad y en la edad media eran muy pocos los alfabetizados. Hasta el siglo XVIII sólo se leían lecturas sagradas por parte del gran público. Es a partir de entonces cuando comienza lo que podemos llamar lectura profana o laica. Aparecen los primeros “best-sellers” de la historia, que tuvieron gran éxito e influencia. Algunos tanta que fueron tachados de peligrosos, como ocurrió con el Werther de Goethe, que indujo al suicidio a algunos de sus lectores, y sirvió de argumento a los detractores para subrayar “los efectos perniciosos” de la lectura. No hace muchos años, a los estudiantes se nos decía que no perdiéramos el tiempo leyendo, que lo que había que hacer era estudiar.
Además del cambio en el tipo de lecturas, comenzó a leerse más, a hacerse individualmente y sobretodo a buscar variedad, pues con anterioridad se leían las mismas obras una y otra vez. Se empezó a considerar la lectura como una de las maneras de adquirir formación. Se leía por ello de forma acumulativa y sistemática. Hoy ya no es así. Ahora, cuando leemos, lo hacemos de forma fragmentaria, generalmente dejándonos guiar por la publicidad, las listas de libros más vendidos, la opinión de los críticos o los consejos de amigos y libreros. Leemos de aquí y de allá, buscando fundamentalmente el entretenimiento y la información.
Desde hace años, la competencia de la televisión en el empleo del tiempo libre, viene siendo considerada como una de las causas de que los índices de lectura disminuyan. Pero reconozcámoslo, estos nunca han sido muy altos. Lo grave es que, a pesar de campañas esporádicas e iniciativas con más o menos éxito, las cosas parece que no mejoran mucho. La formación que se adquiere a través de la lectura requiere tiempo y paciencia, algo que parece faltar en los días que corren.
Más recientemente, otro fenómeno está condicionando los hábitos lectores: es el de la informatización de la escritura. Quienes hemos adquirido una educación basada en los libros, nos resistimos a leer en la pantalla del ordenador textos muy extensos. Preferimos la letra impresa. Tal vez sea por eso que, de momento, los libros digitales no han tenido mucho éxito. No sabemos si las nuevas generaciones, nacidas ya en la era de la informática, seguirán encontrando placer en ese ritual íntimo que es la lectura de un libro. Mientras, esperamos leyendo.
José Antonio Albero
10 Diciembre 2006 | 05:47 PM
Enrique dijo
Hay un anuncio en TV, con la voz de Julio Cortazar, leyendo un texto de Historias de Cronopios y de Famas.
¿Cual es?
29 Marzo 2007 | 10:19 PM
Josan dijo
Es un anuncio de Seat, en el que Cortázar lee "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj". Por cierto, que no aparece en ningún momento el nombre del autor.
31 Marzo 2007 | 06:40 PM
ignacio sanz dijo
josé antonio: tú, dale que dale, siempre emboscado en esta tarea benemérita. Por fin he entrado y aquí encuentro tus comentarios y esa fiebre por la lectura y el mundo literario que paso a paso vamos creando. En fin, un abrazo y que la fiebre no decaiga. Y gracias, una vez más por todo lo que cuentas. Ignacio.
9 Junio 2007 | 10:26 AM
Vicino dijo
Ahí va este enlace que me parece interesante:
http://manuelvilas.blogspot.com/2007/06/imgenes-y-aforismos-de-lo......
4 Julio 2007 | 06:15 PM
vicino dijo
Os dejo este enlace y que se refiere a una vieja conocida...
http://www.franjadigital.com/page.jsp?noticia=19403
1 Septiembre 2007 | 02:00 PM
Vicino dijo
"Alergia al níquel, cipreses y familiares". (Basada en hechos medio reales)
A media tarde de aquel día primaveral, Rubén tuvo un nuevo ataque de tos, el enésimo, y se prometió a sí mismo que de la mañana siguiente no pasaba sin acudir a la consulta de su médico de cabecera. Rubén siempre estaba buscando, e indefectiblemente encontrando, excusas que habían ido retrasando su visita al galeno. Pero esta vez, el acceso de tos había sido extremadamente violento y sofocante, lo que alarmó como nunca a Rubén.
El Doctor Hipócrates, tras la exploración habitual que le permite el sistema sanitario público, apresurada y atropellada, alcanzó a diagnosticar que se trataba de una alergia, si bien carecía de medios para concretar los agentes causantes de la misma. Así que el Doctor Hipócrates extendió el oportuno volante para que Rubén fuese examinado por el especialista, en este caso el alergista.
La visita al alergólogo debía hacerse en Osca, ciudad a unos cincuenta kilómetros de su localidad de residencia. Tras el oportuno examen médico de rigor del especialista, el diagnóstico dejó asombrado a Rubén. "Alergia al níquel, cipreses y familiares".
Así se explica Rubén la mirada de besugo de su padre, las comidas notablemente mejorables de su madre, las interminables conversaciones vacías con su hermano, la insoportable irascibilidad de su hermana, la cara de bobo solemne de su cuñado, la insolencia de sus sobrinos, la idiotez de su abuela, la inutilidad de su primo... y la intransigencia y soledad de sí mismo.
Convencido de su soledad, ahora Rubén siempre lleva una pistola encima, y en el momento oportuno saltarse la tapa de los sesos y librarse por siempre de tantas alergias.
4 Septiembre 2007 | 09:24 PM