Como en ocasiones anteriores dedicamos la última tertulia del año a comentar cuentos de Navidad. En esta ocasión elegimos la selección de Ana Torres y Raúl Herrero en (Biblioteca Golpe de Dados. Libros del Innombrable). Los autores son Silverio Lanza (1856-1912), José Gutiérrez Solana (1886-1945), Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), Antonio Fernández Molina (1927-2005), Ana Mª Matute (1926), Camilo José Cela (1916-2002), Rubén Darío (1867-1916), Enrique Jardiel Poncela (1901-1952, y José Antonio Novais.

Como es de suponer, las opiniones sobre los cuentos fueron muy diversas. Si hubiera que anotar coincidencias generales podríamos citar el no considerar cuento la narración “Nochebuena” de José Gutiérrez Solana, que es más bien una descripción muy bien hecha del ambiente navideño en el Madrid de su época. Tampoco “Los Reyes Magos” de José Antonio Novais, recuerdos de la Noche de Reyes de su infancia. Que el cuento que más gustó fue “La recepción de los Reyes Magos” de Enrique Jardiel Poncela, por divertido y el tono “gamberro” con que está escrito que lo hace gracioso. Es el testimonio de un joven ante el juez a quien es conducido por escándalo público. Junto a sus amigos, y con algunas copas de más, van a esperar a los Reyes Magos. (“Mis amigos eran ocho o nueve; puede que fueran menos, tres o cuatro; pero no estoy muy seguro, pues no sé por qué extraños fenómenos se verificaban en mis pupilas que una vez mis amigos eran siete, otras que eran catorce y otras que no eran más que dos.”). Otro que gustó fue “Una rueda de mazapán para dos” de Camilo José Cela, con una estructura perfecta y muy bien escrito, irónico, nostálgico, muestra la capacidad observadora del escritor y una visión de la vida un tanto fatalista: tras el desengaño amoroso del protagonista, y un final que parece conformista (“¡Qué vamos a hacerle, señora Engracia! ¡Cada cual mira por lo suyo!”), lo cierra con estas palabras: “Fuera, un perro vagabundo, con el rabo entrepiernas, las orejas lacias, las lanas empapadas, pasaba a un trotecillo aburrido, como escapando, sin demasiada ilusión ni esperanza, de su propia soledad”.

Tal vez el más triste es “Navidad para Carnavalito”, de Ana María Matute, recuerda al de “La cerillera” de Andersen. Carnavalito vive en un orfanato y su ilusión es poder ver el circo. “…miraba y miraba la polvareda de la planicie barrida por el viento, y el horizonte, tiñéndose de las últimas luces.”

“Falta una copa”, de Ramón Gómez de la Serna, también es triste, amargo incluso. Nos muestra cómo un hecho insignificante puede cambiar el destino. Otra vez la soledad: “Sentado en el largo vagón de tercera clase del saloncillo, se apretó contra la pared para dejar pasar a los que iban entrando claudicantes como con un tiro en el ala.”

No gustaron nada los dos de Rubén Darío, prototipo de cuentos modernistas, exóticos, de rico y extravagante vocabulario, llenos de símbolos. (“Un místico son de salterios dice la paz poderosa del Padre, la sacrosanta magia del Hijo y el misterio sublime del espíritu. Los lirios de divina nieve son las flores que en hechiceras vías lácteas cultivan y recogen las Vírgenes y los Bienaventurados.”)

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Mientras comentábamos los cuentos comimos algunos dulces (entre ellos rosquillas, torta de almendra y pastillo que estaban para chuparse los dedos). Fue la manera de celebrar, de forma anticipada, la Navidad en esta singular familia que formamos los componentes de la Tertulia.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!