En la sección "Bien Leídos" de "El Cruzado Aragonés", que coordina Antonio Raya, hoy sale Antón Castro. Esto es lo que dice:

   

Quizá fuesen dos profesores de literatura: Mario Clavell, que leía con emoción y una hermosa y bella dicción, quizá un poco relamida, eso sí, pero plena de sensibilidad y de pasión por la belleza del lenguaje, y José Toba Quintáns, que nos descubrió a la generación del 27 y la literatura latinoamericana. Gracias a él llegué a Julio Cortázar y a Gabriel García Márquez.

 Me gustan sobre todo la narrativa y la poesía. La narrativa porque cuenta historias, y eso me recuerda que yo fui un niño que de pequeño oía cuentos de miedo, cuentos de apariciones, cuentos de fantasmas y cuentos de lobos. Cuentos de naufragios y ballenas. En el fondo, me fascinan los narradores, los contadores de historias. Y la poesía porque es una disciplina llena de magia y de embeleso: intenta expresar con precisión y con palabras no gastadas lo inefable.

 Son muchos los libros que me han dejado magníficos recuerdos: las ‘Leyendas' de Gustavo Adolfo Bécquer, el ‘Romancero gitano' de Lorca, uno de los libros que he llegado a saberme de memoria, ‘Sombra del paraíso' de Vicente Aleixandre, todo Borges, casi toda Isak Dinesen, y muchos autores gallegos y portugueses como Miguel Torga, Rafael Dieste, Álvaro Cunqueiro, Rosalía de Castro y Méndez Ferrín. Entre los aragoneses, me han dejado una huella indeleble de veras Ramón J. Sender, Miguel Labordeta y Jesús Moncada, entre otros.

. Una de las experiencias más hermosas e íntimas que he tenido y que tengo en mi vida a diario es la lectura. La lectura es un viaje al mundo real, al mundo de los sueños, al mundo de los afectos y al universo del conocimiento. Leer es aprender a vivir con uno mismo y con los otros, leer es como iniciar una expedición donde tan importantes son las palabras y los personajes como tu concentración. Leer es una de las experiencias más hermosas que puede tener un ser humano. A la lectura le debo gran parte de lo que soy. La lectura cuesta, exige esfuerzo, paciencia, pero es absolutamente gratificante.

 Lo más bonito que me ha ocurrido nunca es que una vez, cuando escribía en ‘El día de Aragón', me escribió una señora: Mari Nieves. Copió uno de mis retratos a un escritor al que había entrevistado, copió varias frases dedicadas a distintos autores, y me las mandó en una carta.  Y al final me decía: "Sueño con que antes de morir me describas así a mí también".  (Antón Castro)