Esta foto es mía, las otras dos de Ángel Huguet.

Ayer pasé un día divertido con Benjamín Prado. Hacía tiempo que no veía a alguien con tan agudo sentido del humor, con tanta chispa. Era un día extraño para celebrar una tertulia (Lunes de Pascua, festivo en Barbastro con la gente comiendo en el campo), pero la fecha en la que Benjamín tenía un hueco que podíamos aprovechar. Ramón Acín  llamó al mediodía para que subiera a comer a Bodegas Enate y allí estaba. Habían venido de Zaragoza con Carmen, la mujer de Ramón. Estaban también Adolfo de Dios, Director General; Ramón Justes, Director de Comunicación y Mª José Coté. Tras la excelente comida generosamente regada con blanco, rosado, tinto y blanco dulce en los postres, Ramón Acín me tendió la trampa de sentarme en una rueda de prensa que debía presentar, sin preparar y a palo seco. Menos mal que Benjamín se enrolla con una facilidad pasmosa.

Llegamos a Barbastro satisfechos por ver cumplido nuestro deseo de que no estuviera la Guardia Civil haciendo soplar. Benjamín se fue al hotel. Allí quedamos a las 19 h. con Ángel Huguet, que le hizo una extensa entrevista. A las 19'30 llegamos al Colegio y tras las presentaciones comenzó la tertulia. Estábamos veinte personas. Hablamos del ensayo "Siete maneras de decir manzana", y explicamos a Benjamín el porqué habíamos elegido precisamente ese librito. La poesía nos cuesta leer más que la novela, y en el libro se dan claves que pueden servir tanto para escribir como para leer poemas. Yo acababa de leer la última novela que Benjamín ha escrito, "Mala gente que camina", y sé que hubiera dado mucho que hablar, por el tema y por la habilidad con la que está escrita. Por cierto, que en ella se refleja ese humor irónico en el que Benjamín tan bien se desenvuelve,  a pesar de lo crudo que es el tema que aborda.

Algunas de las frases que anoté  cuando comenzó la tertulia:

-Yo aquí no vengo a daros, prefiero quitaros. (Obviamente no se refería a nada material, estaba hablando de poesía).

-Si tuviera el secreto para escribir sería maravilloso, y no os lo diría. Escribir poesía es una buena manera de explicarse a sí mismo. Escribir es transplantar sentimientos a quien lee.

-Un poema hay que trabajarlo mucho.

-A la literatura, y por tanto a la poesía, le sobra mucho "yo", convendría que contara más cosas del lector que del autor.

Tras la introducción respondió a las preguntas que sobre poesía se le hicieron, y luego, por sugerencia de Ramón Acín, que lo conoce bien, explicó cómo surgió su amistad con Alberti. Alguien le había recomendado que leyera "Sobre los ángeles". A los tres días de haberlo terminado,  su padre le pidió que bajara al bar de la esquina a comprar helado. Cuando lo está pidiendo se da cuenta que allí está  Rafael Alberti en persona. Fue a saludarlo y a decirle que acababa de leer un libro suyo. En ese momento comenzó una amistad que se prolongó durante catorce años, en los que Benjamín conocería a muchos otros escritores y personajes famosos a través de él. Era casi el único que entraba en casa de Rafael, en "la cueva de Polifemo" que decían sus amigos. Rafael era divertidísimo, todo adquiría una dimensión diferente a su lado, sabía descubrir y nombrar la belleza de las cosas. Era el tipo menos solemne que puedes conocer, no era avaricioso, vivía al día, disfrutaba del momento. Vivía como un vagabundo, con un piso hecho un desastre, en el que te podías encontrar un tomate con moho debajo de un sillón, pegado a una lámina original de Picasso. El pintor le había regalado dibujos hechos con rotulador, y al secarse el alcohol desaparecía algo la imagen, que Alberti repintaba como la cosa más natural del mundo. Conocía toda la poesía española, desde las primeras jarchas hasta Machado. Era capaz de recitar de principio a fin Las Soledades de Góngora.

 

Otra de las anécdotas que comentó fue el origen de su poema "Marga Gil en la isla",  recogido en "Los 140 mejores lectores de poesía escogen los poemas del siglo XX que, por algunas razones, aprecian por encima de cualesquiera otros" (Visor). Benjamín recordaba haber jugado, cuando era niño, en una casa abandonada en la que decían se había suicidado una mujer. Entraban por un cristal roto de una ventana y encontraban la casa como si la hubieran abandonado en ese momento: tenía la mesa puesta, los armarios llenos de ropa... Pasados los años conoció la historia de Marga Gil, enamorada de Juan Ramón Jiménez, que ante el rechazo del poeta se disparó un tiro cuando tenía 21 años. Benjamín Prado supo entonces que la casa de la suicidada era la de Marga Gil. Escribió el poema en 1997.

 

"El mundo

 es un lugar muy frío.

En el fondo del agua se oye cavar tumbas.

Hay terrazas sin sueño donde el viento devora

 lentamente

 los restos de la noche."

 

(Lo puedes leer entero en:

http://www.antoniomiranda.

 

 

Terminó la tertulia y fuimos a cenar al nuevo San Ramón. Estábamos once y lo pasamos realmente bien. Benjamín siguió contando anécdotas, gastando bromas y disfrutando y haciéndonos disfrutar de cada momento. Nos retiramos a una hora prudencial, pero él seguiría trabajando: a la una de la madrugada entraba en directo en el programa de Radio Nacional en el que colabora.