El martes se presentó en el Teatro Principal de Zaragoza "Vivir del aire". Es el primer poemario de Antón Castro y está editado por Olifante: Papeles de Trasmoz. Desde Barbastro enviamos nuestra felicitación y expresamos el deseo de poder comentar este nuevo libro con él algún día.
En palabras de Antón: "es un libro de 18 poemas sobre la naturaleza, el acto de escribir poesía, la belleza y el miedo, algunos crímenes, varias historias de amor y algunos recuerdos. ‘Vivir del aire' mezcla el verso con el poema en prosa, y efectúa un recorrido por mis territorios habituales: Zaragoza y Garrapinillos, Teruel y Galicia."
Este es uno de los textos que integran el libro. Un homenaje a José Ruiz Borau, José Ramón Arana, al que le derribaron la casa donde nació en Garrapinillos, la vieja escuela.
EL FANTASMA DE JOSÉ RAMÓN ARANA
Aquí nací, aquí vivieron mis padres, aquí jugaba en las eras, cerca del Canal y entre las huertas. No tardé mucho en irme, pero jamás pude olvidar las casas desperdigadas, las alamedas y los canales de riego con sus tajaderas. Los ponientes de fragua se extendían sobre los prados y los jardines agrestes. Algunas tardes, venía con la bicicleta de paseo. Apenas era un adolescente que empezaba a escribir sus primeros versos y cuentos. Luego la vida me llevó por mil y un sitios: me casé, me descasé, me volví a casar, partí al exilio, tuve una librería que era un espacio de libertad en México D. F., un refugio de desterrados, ese lugar donde las palabras son fuego y memoria, y convocan toda la luz de la patria perdida. Redacté una breve novela y muchos relatos. De vez en cuando, preso de la nostalgia, abría el álbum de recuerdos. Y en él, siempre me detenía en una instantánea: la casa de la escuela, la casa donde me nacieron, la casa de todos que estaba en la plaza de atmósfera francesa, ante el torreón de la iglesia, el primer edificio que realizó el joven arquitecto Ricardo Magdalena. Aquella foto era la huella de una felicidad antigua. Después de muerto, convertido ya en fantasma, he vuelto a merodear y a contemplar las ventanas y el balcón de la escuela. He entrado en la nueva biblioteca que lleva mi nombre: José Ramón Arana. Hace unas semanas, han derribado el edificio. Y siento que Garrapinillos ha perdido algo que nos pertenecía a todos y siento que yo he perdido el paraíso de mi niñez. Menos mal que, transformado en polvo y silencio para siempre, de vez en cuando miro aquella fotografía...

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