Luís Sánchez, Juan Carlos Méndez y José A. Albero
El autor con los de nuestra tertulia. Se había marchado Raúl.
El viernes pasado celebramos la tertulia con el último ganador del Premio de Novela Corta Ciudad de Barbastro. Fue en la Biblioteca Municipal, tras el encuentro que mantuvo con la prensa. En la mesa estuvimos acompañándole Luís Sánchez, quien desde el momento en el que lo recogió en Lérida hasta que lo volvió a llevar al día siguiente, estuvo atento a que su estancia en la ciudad fuera lo más agradable posible; y yo. Antes de empezar sabía, y así lo dije, que sería un encuentro agradable por dos motivos. El primero que la novela "Tal vez la lluvia" había gustado a los lectores y asistentes, casi todos encuadrados en alguna de las tertulias de la ciudad. La segunda que el carácter afable y la buena dicción de Juan Carlos no podían más que asegurar que contactaría en seguida con el público.
Luís hizo una extensa e interesante introducción, en la que dejó de manifiesto por un lado su oficio de profesor de literatura para hablar de ella con entusiasmo, y por otro lo que el libro le había gustado.
Señaló dos aspectos de la novela que también yo quise subrayar. El primero es el del paso del tiempo y la huella que va dejando. Hay una hermosa imagen sobre La Bella Durmiente, con ese prodigio que sólo sucede en los cuentos: que pasen los años y que todo siga igual. Pero la realidad no es así: Argos, el perro que Adolfo había dejado años atrás en Venezuela, le muerde cuando al regreso quiere acariciarle. El segundo es el del homenaje que hace a los libros, a las historias, a la literatura en definitiva sirviéndose de ese cuaderno amarillo "de cuentos" de la abuela, con dos momentos muy entrañables: cuando los dos amigos protagonistas descubren en realidad que es la abuela quien inventa las historias que les lee y ellos callan con una mirada cómplice; y cuando ya en Madrid Federico le regala el cuaderno a Adolfo, todavía con esas tapas amarillas, y comprueba que en realidad era un tratado contra el paludismo.
Juan Carlos empezó a hablar y contestó a las preguntas de los asistentes. Varios de ellos empezaron dando las gracias por el hecho de que hubiera escrito "Tal vez la lluvia", y así haber podido disfrutar tanto con su lectura. Fue emotivo el testimonio de otro Juan Carlos, éste argentino, quien lo leyó en el hospital, convaleciente, y gracias a la historia disfrutó y viajó de un continente a otro sin moverse de la cama.
Juan Carlos Méndez contó que primero había tenido el título: tras una comida aburrida, un día como cualquier otro, ni bueno ni malo, opaco, enumeraba cosas grises y pensaba en qué podía salvar. Llovía, y pensó "Tal vez la lluvia". La lluvia en Venezuela es más potente que la de aquí, es como un milagro, algo caído del cielo, con sus efectos luminosos y terribles en ocasiones. Habló él también de la nostalgia de los lugares, a los que se regresa para no encontrar ya lo que se dejó, y lo que molesta porque el tiempo ha transformado a las personas, que tampoco son las mismas. Cuando te marchas sientes que en el fondo es una traición, a otros o a ti mismo. Dijo, acerca de si era un libro con un tono pesimista, que el pesimismo es muy sano, porque la vida en ocasiones te da alegrías, y si eres pesimista no te las esperas. Él dice que intentó dejar señalado un final con esperanza, aunque sea de forma insinuada, en esa posibilidad de reconstruir sus vidas otra vez juntos. Adolfo ya no está solo, es más, parece que se va a ocupar de sus amigos. Cuando se le preguntó sobre el listado de amigos que Adolfo había dejado y que Federico enumera en una retahíla de emigrados y muertos dijo que en parte esa lista era real.
Otras frases que anoté:
- El humor es necesario, pero hay que tratarlo con cuidado.
- Uno nace donde la casualidad quiere, pero tiene el derecho y el deber de asentarse donde quiera.
- Crecer es desnudarse de cierta ingenuidad.
- Las palabras tienen una música que hace que puedas vivir una realidad más bella.
- El escritor mezcla memoria e imaginación, hay elementos tuyos en los personajes, en ellos metes cosas de forma inconsciente.
- ¿Qué se puede contar de alguien que es totalmente feliz? No le gustaría al lector. En los libros tiene que haber alegrías y tristezas para que quien lee se identifique con los personajes.
La tertulia terminó con un aplauso cerrado por parte de los asistentes y con la firma de ejemplares. Nos fuimos con un buen sabor de boca, sabiendo bastante más sobre el libro "Tal vez la lluvia" y habiendo conocido a un escritor del que esperamos y deseamos nuevos éxitos en su carrera literaria, Juan Carlos Méndez Guédez.

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