
Un año más, en esta primavera de 2010, Fernando Marías ejercía como presidente del jurado del Premio de Novela Corta de Barbastro, y aprovechando que había publicado recientemente la novela "Todo el amor y casi toda la muerte", mantuvo un nuevo encuentro con los lectores de la ciudad. Con esta novela obtuvo el premio Primavera, que además de estar dotado con un buen pellizco, publicita la obra que ha cosechado muy buenas críticas.
A la tertulia, celebrada en la Biblioteca Municipal, acudimos buena parte de los integrantes de nuestro grupo de lectura. Fernando es ya un amigo de los lectores de Barbastro ya que ha mantenido con ellos numerosos encuentros. Se muestra cercano y busca la complicidad a través del humor inteligente y el agradecimiento.
La novela comienza de una forma que descoloca al lector. Se abren varias tramas que parecen no tener nada en común, pero al avanzar vemos cómo encajan poco a poco como las piezas de un complicado puzzle y con la exactitud de un mecanismo de relojería. Con la maestría narrativa que ha demostrado en todas sus obras, Fernando aborda temas como la búsqueda de la identidad, el amor, la violencia...
Fue presentado por Óscar Sipán, quien dijo que Fernando es de los autores que se comprometen, que hace un tipo de literatura ajena a la comodidad, de una excelente factura. Tras los elogios Fernando Marías dijo bromeando que cada año escribe una novela para poder venir a Barbastro a escuchar lo que le va a decir Óscar.
Pero dejemos que sea el autor quien nos cuente la gestación de esta novela que tanta aceptación tiene entre los lectores.
"Llego a Barbastro con emoción renovada. Este libro es muchas cosas. El principio puede ser complicado, pero yo quería que fuera así. Esta novela surge del desgarro, del corazón, de la verdad... Hace cinco años fui de vacaciones al Caribe con mi pareja. Habíamos comenzado una relación idílica y fuimos con la idea de estar bien, buscando en la relación un compromiso. Mayor. Al llegar allí, no sé si por la tendencia a lo truculento que tengo, e ir a entrar en la habitación del hotel, al abrir la puerta sentí un impacto de frío, una especie de luz blanca, un vértigo mental. Vi que era idéntica a otra habitación de otro hotel en el que había estado, en otro país y con otra mujer. Me pareció extraordinario recordar detalles similares, como por ejemplo el hecho de que el mando de la televisión estuviera exactamente en la misma posición que en el otro hotel. Yo sentí un impulso sexual con la mujer ausente a la vez que impotencia con la real. La relación, no podía ser de otra forma, terminó, tal vez por miedo al compromiso mi mente reaccionara de esa forma. Con le psicoanalista descubrí que en la habitación había aparecido el fantasma de la mujer anterior, e incluso otro más anterior. Aparecían en mi mente y eran hechos que había que aclarar. Hay que mirar atrás, cerrar heridas, ver dónde hemos podido hacer daño, tal vez sin querer. Esas reflexiones interiores fueron generando la novela. Era necesario contar lago más que mis experiencias, y entonces aparece el novelista. Me propuse hacer una novela negra emocional, también quería hacer un guiño a las novelas de amor del siglo XIX y meter algo de género fantástico con la figura de Gabriel. El deseo desbocado puede llegar a matar: en la portada, el monstruo que amenaza a Andrómeda). Todas las historias están en tiempo presente, aunque sean del pasado, quería que fuera así. Caminamos por un sendero flanqueado por un abismo al pasado y otro al futuro. Ese pasar del tiempo quería que apareciera en el libro. Cuando lo terminé tuve la sensación de que mis dos fantasmas se iban."
Fernando tenía la cita de la Cena Literaria y, tras firmar libros a los asistentes, fue despedido con un caluroso aplauso.

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