Hace unos días me comunicaba Luis que había salido su libro y que estaba en Barbastro. Conoce nuestro grupo de lectura y se ofreció para hacer algo juntos.

Libros Certeza, dentro de su Colección Cantela, acaba de publicar la primera colección de relatos de Luis Borrás: "Cambio de planes"

Son doce textos de una extensión variada, desde los que ocupan apenas dos páginas, hasta las catorce de Pecados capitales. En siete de ellos hay muertes, en los otros cuatro, ausencias y separaciones. Con ese fondo no pueden ser relatos amables, ni historias que inviten al optimismo. Sin embargo se leen con avidez. La brevedad, concisión y habilidad narrativa del autor se encargan de ello. La escritura se hace fluida, con bellas metáforas y un lenguaje pulcro, sin amaneramientos.  Por la carga de pesimismo que encontramos, relato tras relato, sería recomendable no leerlas todas de un tirón. Pero resulta difícil, una vez abierto el libro, cerrarlo antes de llegar al final.

Una lectura recomendable.

 Luis Borrás publica reseñas literarias en el suplemento dominical del Diario del Alto Aragón. Mantiene un blog de lecturas:
http://aragonliterario.blogspot.com/

Este es uno de los relatos del libro:

ODIÁNDOME
"Perseguido por el recuerdo de ayer sería capaz de disparar a mi sombra, asesinar al cobarde que vive dentro de mí. Le odio con todas mis fuerzas.
Pienso en la noche de ayer y me cubro el rostro con las manos vacías, aguantándome las lágrimas, sintiendo asco y vergüenza de mí mismo. Conozco muy bien esta sensación, este dolor. La rabia ocupándolo todo.
No dejo de repetirme que no tenía que haber ido. Me insulto, me llamo idiota, estúpido, infeliz. Gilipollas. Pero la tentación de volver a verte fue más fuerte que todo. Más fuerte que la sensatez y la cordura, más fuerte que asumir la verdad, conocerme, saber que no sería capaz, que no me atrevería, que todo volvería a repetirse, sería igual que cuando tenía dieciocho años. Preferí engañarme, mentirme mil veces con tal de volver a verte.
Los puños cerrados sobre los párpados, apretando hasta hacerme daño. Tu nombre quemándome. Tu nombre ardiendo en la oscuridad de mis ojos cerrados.
Un antiguo compañero consigue mi número por la guía de teléfonos. Una fiesta, me dice; el reencuentro diez años después del último curso del instituto.
Y lo primero que pensé fue en tu nombre. Lo único que no había olvidado de aquel tiempo lejano. Tu herida viviendo dentro de mí.
Tuve quince días para inventarme una excusa, huir, esconderme, mentir. Hubiera bastado con un simple no.
Pero fui incapaz de renunciar a volver a verte.
Y ayer, mientras me miraba en el espejo antes de salir, quise creer que había cambiado, que esa noche me atrevería por fin, y que entre sonrisas y vapores de alcohol, te diría al oído todo lo que en diez años no había dejado de sentir ni un solo día por ti.
Y al llegar a la fiesta, entre reencuentros, abrazos y besos, te busqué deseando que no estuvieras; te busqué pidiendo que nadie te hubiera encontrado, que hubieras desaparecido para empezar a olvidarte.
Entre gritos, risotadas, falsa alegría y palabras cordiales te busqué desesperadamente. Te busqué deseando que tu belleza la hubiera destruido el tiempo, que tu sonrisa se hubiera vuelto de cartón piedra.
Y al verte mi corazón se paró. Al volver a verte mis pies se volvieron barro y mi valor silencio. Y en aquel momento supe que todo sería igual que aquel doce de julio de 1998. Igual que el último día que te vi. Aquella fiesta de fin de curso diez años atrás. Las mismas canciones sonando de fondo. La misma rabia, el mismo asco y vergüenza de mí mismo. La verdad imposible.
Te acercaste al grupo donde estaba y me saludaste con el roce imperceptible de tus labios y tu perfume. Con tu belleza intacta y tu sonrisa envenenando mis ojos. Escondí mis manos en los bolsillos para que no las vieras temblar. Escondí la mirada para que no descubrieras mi emoción quemándome las entrañas y el miedo cosiendo a dentelladas mi boca. Y mientras hablabas con los demás, en lugar de morir enredado en tu cuello y tus labios, me quedé mirando al suelo incapaz de alcanzar tu rostro.
Y volví a quedarme igual que diez años atrás; sin atreverme a mirarte ni hablarte al oído; con la mirada fija en tus zapatos de fiesta; odiándome con todas mis fuerzas".