Copio el texto que publicamos en el periódico escolar "CHISPA SEMANAL" sobre nuestro viaje a Martinica. En él participamos tres tertulianos.

La semana pasada regresamos de La Martinica los tres profesores que en esta ocasión nos desplazamos a la isla en el marco del Comenius: Isabel, Paco y el que escribe, José Antonio. Tuvimos la suerte de que pudieran acompañarnos nuestros "conjoints", Pilar, Mª Carmen y Alejandro. Fue un viaje inolvidable, en el que el trabajo, el clima, el paisaje y las buenas relaciones con sus gentes nos hicieron vivir una experiencia muy enriquecedora. Martinica es una isla del Caribe, emplazada no muy lejos de Venezuela, una más de la estela de islas, todas de origen volcánico, que desde Cuba llegan a Trinidad. Son vecinas Dominica y Santa Lucía. Martinica es montañosa, al norte la mole del volcán activo de Mont Pelée impide contornarla, en el centro hay unos altos picos llamados Pitons de Carbet, y el sur es más llano. Este áspero relieve dificulta las comunicaciones, que sólo pueden bordear la costa. Como una espina central serpentea la única carretera de interior, la Ruta de la Trace que une el sur, desde la capital Fort de France, con Morne Rouge al norte, la localidad con más lluvias de la isla (¡más de 8.000 litros por metro cuadrado al año!). Con clima tropical de temperaturas muy regulares y esa abundancia de agua, la naturaleza estalla en una exuberante vegetación que cubre de verde intenso todos y cada uno de los rincones de Martinica. La escuela de Hermann Michel, que participa en el Comenius, se encuentra situada en la localidad de Le Carbet, una pequeña población de algo más de tres mil habitantes al oeste de la isla. En sus playas desembarcó Colón en su cuarto viaje, pero no serían los españoles quienes colonizaran estas tierras sino los franceses, que a partir del siglo XVI comenzaron a explotar sus riquezas con el trabajo de esclavos traídos de África. Hoy la población es mayoritariamente de raza negra (95%), descendiente de esos esclavos. A principios del siglo XIX la capitalidad de la isla la ostentaba Saint Pierre, localidad de pescadores cercana a Le Carbet que llegó a contar con 30.000 habitantes. La erupción del Mont Pelée en 1.902 cambiaría dramáticamente su destino. Acostumbrados a vivir junto a su mole, sus gentes no dieron importancia a los avisos de los días previos a la catástrofe. El 8 de mayo de 1902, una nube ardiente, descendió hacia Saint Pierre a más de 600 kilómetros por hora, fue imposible escapar. Según las crónicas sólo hubo dos supervivientes, uno de ellos encerrado en un profundo calabozo. Tras el desastre se buscó otra ubicación más alejada para la capital, surgiendo así Fort de France, en el sur de la isla, al abrigo de una inmensa bahía que protegía su puerto y lejos del temido volcán. Hoy es una ciudad de 100.000 habitantes (la cuarta parte de la isla) que alberga los servicios administrativos, el aeropuerto y numerosas infraestructuras. Tuvimos una magnífica acogida en la escuela Hermann Michel: por parte de Sandrine, su directora, que conocíamos de sus dos visitas a Barbastro; de Sino, otra maestra que también nos visitó en el segundo viaje y del resto de maestras. Los alumnos, que estaban encantados con la visita, habían preparado exposiciones, canciones y danzas. Nos impresionó su simpatía, el sentido del ritmo que tienen y el esfuerzo que hicieron para que todo saliera bien. Trabajamos en la biblioteca escolar junto a los profesores de Birmingham (Habían viajado dos de cada uno de los colegios), para poner en común lo realizado hasta el momento e intercambiar experiencias e información sobre la enseñanza de las lenguas extranjeras en los cinco colegios de los tres países. También mantuvimos una reunión de trabajo con el inspector de la zona y su equipo educativo. Le Carbet estaba representado por Rosemonde (también estuvo en Barbastro), responsable municipal de temas educativos y todo un personaje, que nos preparó visitas, cenas y recorridos por la isla demostrando su capacidad de trabajo y liderazgo. Visitamos el Centro de Danza Belé, en Santa María, al este de la isla, un lugar en el que se guarda la memoria y se enseña este tipo de baile cuyo origen se remonta a los tiempos de la esclavitud. Al ritmo marcado por los palos y el bongo, se unen cánticos repetitivos coreados por el grupo y bailados por parejas o en círculo. Recuerdan los gritos de ánimo que ritmaban los golpes de machete en el corte de la caña de azúcar. Vimos la capacidad de aprendizaje de los niños martiniqueños, que fueron capaces de aprender en poco más de una hora los pasos básicos de las danzas y bailarlos con mucha gracia. Cerca de allí, en Santa María, pudimos atravesar el tómbolo que une la localidad con el islote del mismo nombre, una barra de arena que en tiempo de aguas bajas puede atravesarse sin dificultad caminando entre dos mares. Otro lugar interesante que pudimos conocer fue la casa de Monsieur Fardant, un artesano popular que fabrica juguetes y miniaturas con materiales naturales y de reciclado: patinetes, camiones y coches, tiovivos, aros, etc. Lo conocíamos por fotografías que hicieron Luis, Raquel y María en el anterior viaje del colegio a Martinica. Monsieur Fardant consigue con su ingenio paliar la carencia de medios más sofisticados, y allí estuvimos una tranquila tarde jugando y divirtiéndonos como niños con sus ocurrencias. ¡Cómo no! en el programa no podía faltar la visita a una destilería de ron. Estaba al lado del hotel Marouba, en el que nos alojábamos, y se llama Distillerie Neisson. Rosemonde fue la anfitriona y guía del recorrido, desde la zona de recogida de la caña hasta el rincón de degustación y tienda. A nosotros nos pareció una bebida demasiado fuerte, sin embargo los isleños lo toman incluso como aperitivo. Una mañana la dedicamos a la capital, Fort de France, recorriendo sus típicas callejas, el colorido mercado central y el Théâtre Aimé Césaire. Lleva el nombre del más ilustre personaje de la isla, que fue escritor, diputado y alcalde de la ciudad durante algo más de cincuenta años. Hizo mucho por la cultura y modernización de la isla, poniendo su actividad literaria al servicio de sus ideas, profundamente anti-coloniales y definidas en el término de "negritud": "Soy de la raza de los oprimidos". El turismo que llega a la isla es fundamentalmente francés y se dirige hacia las playas del sur, de arena blanca, aguas turquesas y cocoteros. El norte es más salvaje y auténtico, de playas tranquilas de arena negra, recibe a numerosos practicantes del submarinismo y amantes de la naturaleza, pues el interior es un auténtico jardín. Nosotros pudimos visitar los Jardines de Balata, un recorrido entre flores, altas palmeras y frondosos árboles, entre los que revoloteaban los minúsculos colibríes. Como he dicho al principio, un viaje que recordaremos toda nuestra vida, y que si nos resultó tan agradable y fructífero se debió a las atenciones que recibimos por parte de Sandrine, Rosemonde, Sino, Miriam, Karine... A ellas, gracias. Nosotros procuramos cumplir lo mejor posible con nuestra tarea tratando de dejar el pabellón alto, incluso nos atrevimos a cantar y bailar (¡allí!) y creo que quedaron satisfechos. Ahora trataremos de transmitir al colegio lo que hemos aprendido.