Ayer estuvimos en la Feria del Libro Aragonés, en Monzón. Vamos cada año, y siempre decimos lo mismo: que las presentaciones de libros no se hacen en un lugar adecuado. Uno de los pocos peros que se le puede poner. Hay mucho ruido y la gente está hablando, ajena a lo que se dice en la mesa. Quienes participan no saben bien a dónde mirar, y se les adivina una cierta desazón que apaga la ilusión con la que acudían. Este año, además del ruido y la circulación del personal, los visitantes podían pasar por detrás de la mesa para ver la exposición montada en el escenario.
Pudimos saludar y hablar con Ismael Grasa sobre su libro "La flecha en el aire", a raíz del artículo "Pisar el aula" que escribió en "El País". Saludamos a los "fijos" de la Feria, José Antonio Adell y Óscar Sipán. Adell firmaba sus numerosos libros y también el cómic ilustrado por Juanfer Briones, que estaba en la planta de abajo saboreando las mieles del éxito de "El último Templario". Óscar, recién llegado de Méjico y cada vez más ocupado, mostraba con el entusiasmo habitual las últimas publicaciones de Tropo Editores, entre las que sorprendía el libro "Fernando Torres, Number nine". Y también escuchamos y charlamos con Antón Castro, que presentaba dos libros: "Un paseo en bicicleta" (Olifante), del que leyó tres poemas; y "El testamento de amor de Patricio Julve" (Xórdica), fotógrafo fantasmal que aparece y desaparece en sus obras, y no sólo en ellas.
Compramos algunos libros, entre ellos "Las memorias" de Joaquín Costa, editado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, y vivamente recomendado por Antón.
Pudimos ver a agún contertulio, también asiduo de la Feria, con su señora.

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